Lluvia

María González Reyes

Domingo 19 de mayo de 2019

No les quedó otro remedio que subirse al tren de vagones antiguos que los conduciría fuera de la ciudad. La lluvia fue tan persistente como sus ganas de caminar empapándose debajo. Entonces, las gotas de agua comenzaron a colarse sin permiso entre los labios. Sus bocas juntas se convirtieron en un río de agua fresca con peces saltando y chapoteando.

Hacía tanto que todo estaba seco que tuvo que llegar la lluvia para recordarles cómo saborear cada recoveco de sus bocas.

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