La silla

María González Reyes

Domingo 21 de abril de 2019

Cuando cumplió 18 años, justo ese día, cogió la silla que estaba en la cabecera de la mesa, en la que siempre, desde que ella tenía recuerdo, se sentaba su padre a esperar la comida que le servía su madre, siempre temerosa de si habría puesto la cantidad suficiente o si estaría demasiado caliente o demasiado fría o demasiado hecho o demasiado crudo. Había días que no acertaba con nada. Esos días ella ya sabía que su madre no iba a acertar. Ni con la cantidad. Ni con la temperatura. Ni con el grado de cocción. Esos días su padre apretaba los labios haciendo un gesto repetitivo del que solo salía cuando comenzaba a gritar.

Cuando cumplió 18 años, justo ese día, cogió la silla que estaba en la cabecera de la mesa en la que siempre, desde que ella tenía recuerdo, se sentaba su padre. La levantó no de cualquier manera. La levantó contra su padre.

Él ya no volvió a gritar.

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