Semillas

María González Reyes

Domingo 5 de agosto de 2018

La mujer le invitó a sentarse en una silla con la pintura desconchada. Le ofreció el calor de una taza con infusión y un poco de pan. Luego comenzó a hablar.

Igual que las crías de las lobas necesitan que las cuiden para sobrevivir nosotras, las personas, también nacemos vulnerables. Más que las crías de las lobas, más que cualquier cría de mamífero. En los cuentos de bebés que se pierden en la selva siempre hay alguien que los cuida. Ningún humano sobreviviría sin que lo cuidaran. Además las crías de loba (te hablo de mamíferos por ponerte un ejemplo de una especie próxima a la nuestra, pero nos valdría cualquier otra) comienzan muy pronto a reconocer su entorno. Olfatean, escuchan, observan. Lo hacen jugando sí, como nosotras las personas, pero son capaces de reconocer enseguida el medio del que dependen. Nosotras no. Digo en general, claro que hay personas que saben que su vida depende del entorno en el que viven, pero en general ignoramos que somos naturaleza y que por lo tanto nuestra vida depende de las interacciones que generemos con ella. Sí, ya sé que no somos lobas ni saltamontes ni luciérnagas, pero aunque suene raro dependemos de la naturaleza igual que ellas. Lo hemos aprendido al revés. Nos han enseñado que podemos vivir como individuos aislados y que podemos controlar la naturaleza a nuestro antojo. Eso nos dicen. Pero cuando nacemos, cuando nos enfermamos, cuando el cuerpo envejece, nuestra vida depende de que otras personas nos cuiden. Para comer, para tener luz y calor, para calmar la sed, necesitamos la naturaleza de la que formamos parte para estar vivas. Me preguntas sobre el futuro y no sé bien qué decirte. No sé definir el futuro. Pero para mí esa palabra, la palabra futuro, siempre va asociada a otra palabra, la palabra vida. Y nuestra vida depende de que nos cuiden y de la naturaleza. No hay nada más certero que eso. Pero precisamente son los cuidados y los procesos naturales los que tienen menos valor socialmente. No se valoran a las mujeres que históricamente son las que se han encargado de hacer esas tareas de cuidados igual que no se valora el ciclo del agua o la fotosíntesis. Seguramente porque solo tiene valor lo que tiene precio. Y los trabajos de cuidados y la fotosíntesis o el ciclo del agua no tienen un valor monetario. Solo trato de acertar en las palabras para explicarte que el futuro depende de que nos demos cuenta de que tenemos el sistema de valores al revés. De que seamos capaces de darle la vuelta. De eso depende el futuro. De los cuidados que nos ofrecen otras personas. De la naturaleza de la que formamos parte. De que seamos capaces de poner la vida en el centro.

Después un silencio. Largo. Necesario. Azul.

Demos un paseo. Le dijo al ver que ya no quedaba nada en la taza. Quiero enseñarte algunas de las semillas que he estado recogiendo en este último tiempo.

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