Mensaje

María González Reyes

Domingo 8 de abril de 2018

Te cuento que por aquí bien, si bien significa poder levantarme cada día y dedicar un rato a leer como primera actividad del día. Nunca pude hacer eso antes, si acaso algún día del fin de semana cuando no teníamos mucha actividad. Era raro no tener actividad. En el barrio siempre hay cosas urgentes, y luego están los temas de fondo. Por las noticias que me llegan parecería que todo va a explotar de un momento a otro, dicen que la situación de emergencia social es insostenible. Pero todavía no explota. Aguanta el estallido. El problema de aguantar es que al final explota mal. Si se aguanta demasiado al final se pudre. Vamos a ver qué pasa. Por lo pronto resistiendo. Resistir. Tú y yo ya sabemos por dónde pasa eso. En qué partes del cuerpo golpea tener que resistir. Golpea en las rodillas que no aguantan el peso y en las manos que no pueden tocarte… Un día de estos explota todo, ya verás. Pero va a explotar después de que la gente ya lleve demasiado tiempo aguantando, después de que se instale un veneno amargo fruto de las humillaciones cotidianas en forma de comida que no llega a fin de mes o de policía hostigando o de ayudas sociales que no cubren ni una esquina de lo urgente. Si la gente aguanta demasiado entonces ya no ve en el otro una persona que tiene problemas, ve solo a quien compite contigo por las cosas que escasean. A eso me refiero con que explota mal. No se puede ser feliz si tu vida está llena de afrentas cotidianas. Las humillaciones te hacen escupir. Escupes el veneno contra los demás y desaparecen los afectos. Sin afectos todo se endurece. Miedo, amargura, soledad. Fondo oscuro y crispado. No podemos perder los afectos, la ternura, el cariño, la empatía. Escúchame, eso es lo más importante. No podemos perder los afectos. La única manera de evitar el sufrimiento es conservarlos. Lo aprendí contigo, lo aprendimos en esa comunidad con tanta gente inventando vacunas contra la amargura social. Hay que resistir la destrucción de la empatía, me repito, que las humillaciones cotidianas no consigan destruir la empatía. Que no se instale la amargura social. Es la única manera de resistir. Eso me repito cada mañana, entre las paredes de esta cárcel azul que me impiden tocarte. No voy a dejar que se instale la amargura, eso aprendimos en aquella comunidad…

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