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La pared de la cárcel

María González Reyes

Domingo 24 de septiembre de 2017

No se preocuparon por hacer las paredes entre las celdas demasiado gruesas. Los muros de verdad son los de afuera. A un lado de la pared estaba el paramilitar. Al otro el guerrillero. Tanto tiempo ahí encerrados que no tuvieron más remedio que comenzar a hablar. El guerrillero le cuenta que quiere la paz, pero que a veces la única manera de conseguirla es usando armas, aunque suene extraño. No puede haber paz sin justicia, le dice. Hablan y el guerrillero le comparte su comida, porque la teoría sola no tiene sentido. Hablan. El paramilitar le cuenta su vida, de cuando era pequeño y quería quitarse el miedo de encima. De cuando decidió que era mejor estar del lado de los que ejercen el terror que del lado de los que lo reciben. Hablan. Muchos días compartiendo una misma pared que separa las dos celdas. Se hacen amigos. El paramilitar entiende que hay otras formas de luchar contra el miedo.

El gobierno decide que el paramilitar puede reducir su condena. Decide también que el guerrillero tiene que cumplirla hasta el final.

El paramilitar renuncia al privilegio porque ya no quiere seguir haciendo lo que hacía. Cumple su condena.

Hablaron. Se escucharon. Se comprendieron. Construyeron la paz.

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