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Instrucciones para cazar un grillo

María González Reyes

Domingo 7 de mayo de 2017

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Las niñas y niños no sabían cazar grillos. Es más, no sabían cómo era un grillo. Solo lo habían visto en los cuentos (donde siempre salen dibujados con la cara más redonda y con las antenas menos curvadas) y pensaban que el cri cri lo hacían con la boca. Tampoco sabían qué comen ni cómo es su casa. Si no hubiera sido por Fermín seguirían sin saberlo, porque sus padres y madres también habían nacido en la ciudad.

Ocurrió en vacaciones y por eso nadie recuerda qué día de la semana era. Aunque domingo seguro que no porque llevaban zapatillas en vez de zapatos. Fermín los encontró subidos a unas piedras que se habían convertido en un barco capaz de volar y subir montañas y les invitó a caminar por el campo para inventar nuevas historias.

Vamos a cazar un grillo, pero solo para que lo veáis y le invitéis a subir por vuestro brazo, luego lo soltamos, ¿hay trato? Y dijeron que sí.

Como no estaban en el cole no hacía falta ponerse en fila para moverse, pero caminaban bastante cerca unas de otros. Hay que caminar en silencio, siguiendo el sonido, como cuando se juega al escondite inglés, si el sonido para te paras hasta que lo vuelvas a escuchar. Y las niñas y niños se dieron cuenta de que en la ciudad había muchas otras cosas, además de los grillos, que no se escuchaban. Si el cri cri se reanuda vuelves a caminar hacia él. Y comprobaron que si te concentras llegas a la entrada de grillera, los oídos son capaces de seguir a un sonido leve que en la ciudad queda aplastado debajo de los coches. Si hay suerte el grillo estará en la entrada de su pequeña madriguera, que mantiene siempre limpia, pero al más leve chasquido se meterá hacia dentro. Y aunque iban con cuidado, como eran demasiados pies caminando por el campo cuando encontraron el grillo ya se había metido para dentro, así que no pudieron ver cómo cantaba en la puerta. Hay que preparar una pajita quitándole todas las semillas, una que no sea muy larga y que no sea muy dura. Y prepararon tantas pajitas como niñas y niños había, aunque finalmente solo tuvieron que utilizar una. Ahora hay que meter la pajita por el lado más fino, a veces la grillera está ladeada así que hay que moverla un poquito. Tened en cuenta que la pajita le molesta y por eso sale, así que hay que hacerlo con cuidado. Y salió el grillo y taparon el agujero de la grillera con la mano para que estuviera un ratito fuera. Le invitaron a pasear por los brazos teniendo mucho cuidado de no hacerle daño en las patas. Sus seis patas les hacían cosquillas. Cuidaron al grillo como se cuidan las cosas importantes.

Después, justo antes de volver a dejarlo en la puerta de su madriguera, Fermín sopló las alas. Todas y todos escucharon nítidamente cómo sonó cri cri sin que el grillo abriera la boca.

Las vacaciones se terminaron y se terminó el campo y las piedras grandes por las que escalar. Se terminó merendar a la sombra de los alcornoques y seguir el rastro que las babosas dejan en el camino. Se terminaron los sonidos leves y las grilleras.

Al volver al cole les repartieron una cartulina por grupos y les dijeron: Imaginad cómo os gustaría que fuese la ciudad dentro de 50 años, y representadla en el mural.

Las niñas y los niños dibujaron coches que vuelan, edificios altos, calles de color gris metalizado, centros comerciales con zonas de juego de plástico, farolas que iluminan la noche, carreteras a varias alturas, aceras estrechas, calles anchas, pasos de cebra y semáforos.

Todos los grupos dibujaron eso, menos uno, que en su cartulina representó una ciudad que se había convertido en un campo.

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