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Trump, pistoletazo de salida para el capitalismo de guerra

Redacción Pueblos (Pueblos, nº 73, abril de 2017)

Miércoles 5 de abril de 2017

Superado el espanto por la toma de posesión de Donald Trump como presidente de EEUU y archivados los memes sobre el peluquín, las ojeras o la cinta adhesiva en las corbatas del magnate, toca elaborar y compartir un diagnóstico certero del complicado momento actual y una agenda política con la que avanzar. En este sentido, debemos grabarnos en la mente la necesidad de evitar el ‘debate trampa’, tan del gusto de los medios de masas, que plantea simplemente la posibilidad de elegir entre un neoliberalismo supuestamente progresista y un proteccionismo con tintes fascistas.

Trump es consecuencia, no causa, del atolladero en el que se encuentra el capitalismo actual: por un lado, es incapaz de iniciar una nueva fase de crecimiento económico; por otro, no puede hacer frente al agotamiento de las energías fósiles y al cambio climático sin sacrificar, precisamente, el intento de una nueva etapa expansiva. Es en esta encrucijada en la que se enmarca el fenómeno Trump, cara visible, bufón grosero, de una extraña apuesta de última hora que hace el propio sistema para perpetuarse.

Donald Trump supone la ruptura con el llamado capitalismo universalista, el que parte de la segunda guerra mundial y se consolida durante la globalización sustentándose en dos pilares fundamentales: un mercado único global autorregulado y un modelo de democracia formal, derechos humanos, diversidad y multiculturalidad. Hoy son evidentes las contradicciones internas de este proyecto, ya que el mercado autorregulado es incompatible con la democracia y los derechos, pues se basa en una cadena de dominaciones que provoca que la inmensa mayoría de la población mundial se vea abocada a la pobreza, la exclusión, la precariedad o el desempleo. Trump es la cara más visible de una propuesta que ha ido creciendo en Occidente y que, completamente apartada de retos globales como el colapso ecológico o el agotamiento de recursos, pretende continuar enriqueciéndose exprimiendo al máximo lo que va quedando tras décadas de neoliberalismo.

Es pronto, pero es posible esbozar las líneas maestras de su agenda, estructurada en torno al lema America First: guerra entre pobres, guerra económica y unilateralismo internacional. En primer lugar, Trump representa un proyecto elitista que se publicita “antiélites”, ocultando la responsabilidad del capital en la crisis, cargándola sobre las personas migrantes y señalando sin pausa el terrorismo, lo árabe y lo musulmán. En segundo lugar, plantea un programa económico basado en los siguientes puntos: desregulación fiscal y financiera interna, aumento de los aranceles para los productos de la UE y China, relocalización de fases del proceso industrial dentro del país, aumento significativo del gasto público como motor de empleo e inversión en cuestiones vinculadas a la guerra de bloques (infraestructuras, ejército, policía). En tercer lugar, estas cuestiones se trasladan al ámbito internacional según la lógica de una potencia mundial que actúa de manera unilateral en un contexto de guerra de bloques, lo que supone enfrentarse al entramado social y ambiental de Naciones Unidas y abrazar una geopolítica basada en el control de recursos naturales y alianzas de la guerra fría. Es en este sentido en el que hay que interpretar la no firma de los grandes acuerdos tipo TTIP, ya que se pretende obtener mejores resultados en negociaciones bilaterales y asimétricas.

En conjunto, Trump defiende una agenda explícitamente violenta, excluyente y muy peligrosa. Ahonda las dinámicas de fascismo social y nos sitúa ante un crash financiero como el de 2008. Pero, aunque sea bajo otra retórica, el universalismo neoliberal tampoco nos ofrece un futuro más halagüeño. La campaña electoral estadounidense ha dejado claro que la defensa del modelo actual desde el progresismo neoliberal solo nos hace retroceder ante la ofensiva del capitalismo de guerra.

Necesitamos salir de esa dicotomía librecambismo/ proteccionismo y avanzar en otros términos: conflicto capital/vida; disputa entre lex mercatoria y derechos de las personas, los pueblos y la naturaleza; incompatibilidad entre mercado autorregulado y democracia. Necesitamos agendas realmente alternativas, un camino propio.


- Artículo publicado en el nº 73 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2017.

Ver en línea : Pueblos, nº 73, abril de 2017.


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