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Vivir a ras de la tierra

María González Reyes

Domingo 19 de febrero de 2017

Me gustaría decirte que la ciudad duerme y que solo yo estoy despierta. Sola frente a la ciudad dormida. Dormida de coches de ruidos y de gente. Dormida de centros comerciales de oficinas de fábricas. Dormida. Pero no. Esta ciudad no duerme nunca y esa ausencia de que no ocurra nada me hace sentir encajonada. Entre los ruidos y los coches y la gente y los centros comerciales y las oficinas y las fábricas. Me falta el silencio.

Sé que es su culpa, de la ciudad, de esta ciudad. Echo de menos vivir a ras de la tierra. Sentir la tierra en cualquiera de sus formas. En la ciudad no hay tierra. Aquí se vive a ras del asfalto. En otro lugar más hermoso pensaría en otras cosas. Cuando te rodeas de cosas hermosas es más fácil pensarlas. Aquí no hay otra forma de escapar que no sea cerrando los ojos. Solo así se roza el silencio de la ciudad dormida. Solo así aparecen cosas hermosas. Ojos cerrados. Un lunes por la tarde (sin lluvia). Un paseo por un parque que no tiene caminos predeterminados. Tu mano en mi nuca, justo donde nace el pelo.

Ni la ciudad ni yo podemos dormir, ambas estamos cansadas. Ojos cerrados, algo hermoso, tú…

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