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La actividad piñera en Costa Rica. De la producción a la expansión

Guillermo Acuña González

Viernes 26 de agosto de 2011

La organización DITSO, de Costa Rica, publicó en noviembre de 2009 un informe sobre el cultivo de la piña en el país centroamericano y los impactos sociales, económicos y ambientales que tiene esta actividad. A continuación se extracta parte del informe y puede descargarse íntegramente al final del artículo.

«El desarrollo de la agro exportación no tradicional
ha sido uno de los ejes dinámicos de
la economía regional centroamericana en los
últimos años. Este rol, fundamental en la
comprensión de procesos de cambio y transformación
en el agro centroamericano, debe
ser entendido en el marco de una fase expansiva
del sistema capitalista a nivel global,
en el que emergen nuevos ejes de acumulación
basados, fundamentalmente, en la generación
de plataformas productivas
orientadas hacia la demanda externa.

Esta lógica productiva reafirma las condiciones
de dependencia propia de la subdivisión
internacional del trabajo. Esta dinámica se
ha traducido en un tipo de producción que
crea poco estímulo y arraigo de las comunidades
donde esta actividad tiene lugar; presenta
un limitado o ausente desarrollo de los
encadenamientos productivos, así como un
limitado estímulo a la demanda local que
propiciara desarrollarlo. En última instancia,
la rentabilidad que presenta esta actividad
productiva para las transnacionales, dueñas
de esta actividad, se constituye como el argumento
suficiente para reproducir una y
otra vez la lógica globalizada de la actividad
piñera sin considerar el impacto social y ambiental
que la misma genera.

Para Robinson (2006) es posible identificar
cinco nuevos ejes de acumulación mediante
los cuales Centroamérica asiste a cambios
fundamentales en su estructura, su dinámica
y sus características esenciales desde
el punto de vista económico:

  • la maquiladora y la industria sub contratada
  • la producción agropecuaria no tradicional
  • el turismo
  • los servicios y las finanzas transnacionalizadas
  • la exportación de mano de obra y el flujo de remesas.

En términos generales, las agroexportaciones
no tradicionales se producen en medio
de la coexistencia de compañías grandes,
principalmente transnacionales, que utilizan
insumos para la producción que no puede
costear un pequeño productor. Estas actividades
se caracterizan por dos aspectos: un
daño irreversible al medio ambiente y una
utilización intensiva de mano de obra flexibilizada
y desregulada.

Es en el marco de los últimos treinta años la
lógica agrícola se vio seriamente afectada
pasando de ser pequeños y medianos productores
dueños de sus unidades productivas
a ser grandes corporaciones cuyo capital
transnacional le imprimen una nueva lógica
(global, transnacional e industrial) a la actividad agrícola. Lo anterior ha tenido un impacto
directo en la transformación de las estructuras
productivas a nivel de la región
centroamericana. Estas se han expresado,
fundamentalmente, en un cambio radical de
las fuentes principales de generación de divisas,
pasando agroexportación tradicional
(café, banano, azúcar, algodón y carne) a un
segundo lugar en relación con uno de los fenómenos
regionales que presenta mayor dinamicidad
en la nueva lógica de
acumulación: la emigración.

El ingreso de divisas, vía remesas, es uno de
las principales dinámicas económicas que se
presenta a nivel regional. Asimismo actividades
vinculadas con este fenómeno, producto
de la movilidad que presenta la población
migrante, ha dado origen a la aparición de
nuevas fuentes de generación de divisas
como lo es el aumento de la producción industrial
en las maquilas, el turismo, las exportaciones
agrícolas no tradicionales y otras
exportaciones de bienes y servicios (Rosa,
2008). Lo anterior permite afirmar que se
instalaron en la región centroamericana nuevos
ejes de acumulación así como dinámicas
socioproductivas caracterizadas por la sobre
utilización de la fuerza de trabajo, el incremento
en la apropiación del excedente de la
fuerza de trabajo regional así como un uso
intensivo, desregulado del suelo y el medio
ambiente.

Bauimeister, Arce y Acuña (2008) indican
que durante este periodo de transición, se
producen dos fenómenos muy significativos:
por un lado, se amplia notablemente la producción
de vegetales y frutas y, por otro lado,
se reduce fuertemente la producción de cereales.
Mientras que en 1984 se alcanzó
una producción de 69 mil toneladas de vegetales,
para el 2005 se reporta una producción
cercana a las 454 mil toneladas. Algo
similar ocurre con las frutas.

Es al interior de esta dinámica, que debe entenderse
la ampliación de los cultivos no tradicionales,
que en el caso costarricense
incorpora productos como la piña, la papaya
el aguacate y los cítricos; paralelamente a
este proceso de crecimiento, se mantiene la
expansión del banano que, prácticamente,
duplica su producción entre 1984 y 2005.
En consecuencia, mientras se reducen los
granos básicos tradicionales (lo cual afectó a
un segmento de productores de maíz, principalmente),
se mantienen o se expanden los
tres rubros de agroexportacion tradicional:
café, caña y banano, y crecen fuertemente
las exportaciones agrícolas no tradicionales,
entre los que se encuentra la piña.

Por otra parte, Rosa (2008) indica que en algunos
países, estas fuentes de generación
de divisas son más relevantes que en otras.
En el caso de Costa Rica la superficie dedicada
a los cultivos no tradicionales de exportación
creció posicionándose, algunos de
ellos, entre los primeros productos de exportación
a nivel regional. La producción piñera
forma parte de este proceso de transformación
y cambio estructural que ha tenido impacto
directo en la agricultura de la región
centroamericana.

Este proceso ha generado nuevas dinámicas
territoriales y económicas que adquieren características
transfronterizas como es el caso
de la zona norte costarricense donde la expansión
del cultivo piñero ha establecido un
modelo de explotación agrícola que está modificando,
por un lado, el uso y tenencia de la
tierra y, por otro, está generando dinámicas
laborales que dependen de la disponibilidad
de mano de obra que llega, principalmente,
desde el otro lado de la frontera con Nicaragua.
Este proceso se repite también en otras zonas piñeras del país, como la zona atlántica y la zona sur. La utilización de mayor proporción
de mano de obra migrante la que garantiza
una mayor apropiación del excedente
de la fuerza de trabajo a través de la plusvalía
absoluta y relativa. La plusvalía absoluta
se evidencia a través de la apropiación del
excedente de la fuerza de trabajo, más la
plusvalía relativa se evidencia a través de
una intensificación de la dinámica del trabajo,
la prolongación de las jornadas laborales,
la pauperización de las condiciones en
las que las y los trabajadores desarrollan su
trabajo (pago por debajo del salario mínimo,
ausencia de garantías sociales, imposibilidad
de afiliarse a una organización gremial
que tutele los derechos de los trabajadores,
entre otros), entre otros.

En el actual contexto económico, las dinámicas
de acumulación se transformó de tal
forma que impactó no sólo la dimensión económica,
sino que ésta tuvo impacto en la realidad
cultural de las poblaciones
campesinas, principalmente aquellas vinculadas
con el desarrollo agrícola tradicional.

Asi entre 1978 y la mitad de la presente década
(2006), la superficie cultivada, principalmente
por seis cultivos tradicionales y
relacionados con la cultura campesina costarricense
(algodón, frijol, sorgo, arroz, cacao y maíz), se redujo en dos tercios; un conjunto
de diez cultivos, en su mayoría no tradicionales,
aumento más del doble en su área sembrada.

Entre los cultivos que más crecieron resalta
la piña, producto sin importancia exportadora
hace 30 años pero que en el último periodo
logró posicionarse como el segundo
producto de exportación agrícola de Costa
Ricas, superado solamente por el café.
A partir de la información suministrada en
este cuadro se puede observar un incremento
relativo al 7600% en la dinámica productiva
de la piña entre los años de 1978 y
2006. Esto no tiene un significado explícito
en términos de ganancias para las empresas
transnacionales en suelo nacional, sino que
tiene un impacto social y ambiental profundo
en términos del uso exacerbado e intenso de
una fuerza laboral que vende su fuerza de
trabajo de manera desregulada y con mínimos
controles por parte de las autoridades
respectivas, así como la capacidad que tiene
el suelo para poder regenerarse, luego de la
dinámica intensa que representa la actividad
agrícola de los monocultivos piñeros.

Ambos aspectos, el social y el ambiental,
serán abordados con mayor detenimiento
más adelante en el presente documento.»

Guillermo Acuña González
DITSO

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