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No me puedo imaginar

María González Reyes

Domingo 4 de diciembre de 2016

No me puedo imaginar cómo será tener que meter a tus hijos en la cama temprano, en cuanto oscurece, porque hace frío y no hay calefacción.

No me puedo imaginar cómo será preparar unos macarrones y separarlos en dos platos iguales (uno por hijo) y tener que apretar los puños esperando el momento en que, con más hambre, pidan repetir y haya que responder: No hay más.

No me puedo imaginar cómo será ir a la compra contando los céntimos y tener que meterte en el bolsillo, sin que te vean, un bote de tomate.

No me puedo imaginar cómo será tener que decirles que no hay dinero para unas zapatillas nuevas y que esas tienen que durar más aunque estén rotas (quizás en ese momento se les abraza fuerte durante mucho rato).

No me puedo imaginar cómo será explicarles que ya no pueden beber agua del río porque una trasnacional minera la contaminó o que les echaron de sus tierras de cultivo o que barcos de otros países se llevaron todos los peces.

No me puedo imaginar cómo será decirles que hay que marcharse a otro lugar tratando de que no vean el miedo en ninguna parte de tu cuerpo.

No me puedo imaginar cómo será caminar y caminar poniéndoles encima toda la ropa que tienes para huir de la guerra, de la pobreza, del frío.

No me puedo imaginar cómo será ver pasar las horas y los días y los años atrapados al otro lado de la frontera, donde tienen vetada la palabra futuro y la palabra dignidad.

No me puedo imaginar cómo será alzarlos para que salten una valla que les permita entrar en otro país, tratando que no se queden enganchados en los alambres.

No me puedo imaginar cómo será subirse a una patera llevando a tus hijos pegados y adentrarte en el mar, en las olas, en la oscuridad.

No me puedo imaginar cómo será calmar sus llantos en la noche de un país en guerra, de un campo de refugiados, del camino hacia un lugar más seguro.

No me puedo imaginar cómo será explicarles que el sistema está hecho para que se queden en la periferia. Que todo está montado para que unos pocos que están arriba pisoteen a los de abajo.

No me puedo imaginar cómo será ser un político o un directivo de una empresa energética con poder para tomar decisiones que permitan aliviar el sufrimiento y decidir (un día y otro y otro) no hacer nada.

De verdad, eso no puedo imaginarlo.

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