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Tres historias de indios

María González Reyes

Domingo 13 de noviembre de 2016

Tatuar la vida

Los indios karajás de la orilla del río Araguaia (en Brasil) tatúan en sus pómulos un círculo que simboliza al tucunaré, un pez que les sirve de sustento. Las escamas del tucunaré brillan cuando la luz atraviesa los primeros centímetros de agua. Cerca de la aleta caudal un grupo de ellas forma un círculo negro rodeado de un fino halo blanco.

La multinacional Roche no es de Araguaia pero tatúa con su logo, azul y hexagonal, todos los productos que ha patentado a base de robar los conocimientos acumulados durante siglos por los pueblos indígenas del Amazonas.


Los indios xavante

Los indios xavante fueron expulsados en 1966 de su territorio en el corazón de Brasil.

La distancia entre la teoría y la práctica hace que, aunque legalmente esa tierra les pertenezca, no puedan volver.

Son un pueblo guerrero, pero aprendieron que para recuperar su lugar tendrían que cambiar las armas por papeles y palabras.

Y ésta es una manera lenta de luchar.

Mientras esperan, su territorio se deforesta para que algunos se enriquezcan plantando soja que servirá para hacer piensos que alimenten al ganado del “primer mundo”.

Mientras esperan, su tierra sirve también para plantar caña de azúcar que servirá como combustible para alimentar a los coches, estandartes de un modelo energético que no hace caso a los límites.

Dentro de su territorio, los ocupantes ilegales e ilegítimos han construido una ciudad.

Los indios xavante dicen que lo primero que harán cuando recuperen sus tierras es destruirla.


Hasta que se apague el sol

Mezcla un pedazo de yuca con un poco de arroz y se lo lleva a la boca. Mastica.

No somos pobres, dice. Porque podemos cultivar y así comemos. Tenemos una gran riqueza: agua, tierras fértiles, peces... Hay gente que sabe que somos ricos porque hemos logrado conservar todo eso durante siglos, por eso nos toca pelear y morir para que no se destruya.

Aleja las manos del plato para coger algo. Esto es un bastón de mando, hecho con madera de nuestros bosques, un símbolo de respeto y resistencia. Es nuestra manera de responder a las balas de los militares y los paramilitares que aquí se pasean juntos como buenos amigos. Nosotros somos transitorios, pero hay que defender la tierra para nuestros hijos.

Pausa para comer otro poco, un sorbo de agua panela para que la garganta quede limpia. Olvidamos muchas cosas importantes, tenemos que volver a aprender de nuestros mayores, es el tejido de la vida, el legado que nos dejan, nuestras palabras, nuestros símbolos, nuestro idioma.

Calcula que cada cucharada tenga un poco de los dos alimentos que hay en el plato. Todo lo que ven en aquella ladera es un cultivo de coca. Cultivar coca no es ilícito, lo que es ilícito es el uso que se hace de ella en ocasiones. Nuestros mayores la usan
para hablar con los espíritus cuando se van adentro del bosque. Ahí arriba es donde se logran despertar otros sentidos. Cada vez hay que subir más alto porque
se tala para cultivar, y la tierra se seca, y los ríos llevan menos agua.

Antes, a los indios conseguían engañarnos con espejos, ahora las multinacionales nos engañan con otras cosas y hacen lo mismo que otros hacían antiguamente:
enriquecerse a base de hacer que nuestras riquezas desaparezcan.

Se acabó la yuca y el arroz. Recoge su plato mientras dice: seguiremos resistiendo hasta que se apague el sol.

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