El finiquito

María González Reyes

Domingo 2 de octubre de 2016

Llovía sobre mojado, que es otra manera de decir que estaba harto. Quizás eso le impulsó a hacer lo que hizo. A veces hace falta estar harto.

Habían estado todo el día recogiendo la fruta. Al sol. Y el jefe les dijo (ya con la tarde caída) que al día siguiente tendrían que trabajar sin cobrar porque la fruta que recogieron estaba demasiado verde y a él le habían pagado menos de lo acordado. Y cuando ya se iba, acostumbrado a hablar para que otros obedezcan, Sini le dijo “mañana trabajo si me pagas, si no me pagas no trabajo”. Y antes de que el jefe pudiera contestarle desde su cara blanca, el resto de caras negras movieron sus piernas negras para levantarse y decir que ellos tampoco trabajarían sin cobrar. “Si no trabajáis os despediré a todos”, les dijo. Y no trabajaron. Y él los despidió a todos. Y Sini le explicó al jefe que les tenía que pagar, además del día que les debía, el finiquito. Y el jefe le dijo “negro de mierda te voy a partir la cara”. Y el resto de manos negras no dejaron que le partiera la cara. Y cobraron, por primera vez, el finiquito.

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