Fábrica

María González Reyes

Domingo 20 de marzo de 2016

Era lunes y se encontraron la cerradura de la puerta soldada con un cartel que decía:

Fábrica cerrada hasta nuevo aviso

Algunos se fueron pero la mayoría se quedó y acamparon a pocos metros de ese cartel. Al tiempo de estar ahí decidieron entrar y seguir haciendo lo que ya sabían hacer sin necesidad de que nadie les ordenase cómo hacerlo. Recuperaron su trabajo y conocieron lo que significaban las palabras autogestión y dignidad.

La construcción del relato podría poner el acento en esas mujeres y hombres que se enfrentaron al poder, que se creyeron capaces de saltar por encima del miedo y que lo consiguieron. Pero lo cierto es que el relato estaría incompleto si no contáramos que si lograron recuperar la fábrica (en la que todavía hoy siguen trabajando sin patrones) fue porque estuvieron rodeados de solidaridad. Había gente que les llevó comida desde el primer día que acamparon en la puerta, que les arropó con mantas que les permitían engañar el frío a ratos y que puso su cuerpo frente al de los policías para evitar que les desalojasen. Gente que creyó en ellos y ellas y que también estaba harta de que mandasen los patronos.

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