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¿Qué implicaciones tiene la firma del TPP?

Beatriz Plaza y Gorka Martija (La Marea, 9 de octubre de 2015)

Lunes 12 de octubre de 2015

El pasado lunes, 5 de octubre, fue aprobado el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en ingles) por parte de 12 países del Pacífico; cinco en Asia (Japón, Brunei, Vietnam, Malasia y Singapur), otros cinco en América (EE.UU., Canadá, México, Perú y Chile) y dos más en Oceanía (Australia y Nueva Zelanda).

El TPP es un Tratado Multilateral de Libre Comercio, es decir, un tratado de reglas y normas sobre las cuales rigen los intercambios comerciales entre los países firmantes. Con este tratado, EEUU ha dado un golpe certero sobre el tablero geopolítico y comercial global, como bien afirmó el pasado mes de abril Ashton Carter, secretario de defensa estadounidense, cuando anunció que ”este acuerdo es más importante que poner otro portaviones en el Pacífico”, puesto que implica un primer paso en el marco general de todo un proceso de reposicionamiento estratégico que incluye al Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) y al Acuerdo en Comercio de Servicios (TISA).

El proceso previo a la aprobación del TPP se ha caracterizado por su opacidad de cara a la opinión pública, y las negociaciones han sido consensuadas entre representantes empresariales de grandes corporaciones, abogados de los mayores bancos del mundo y los ministros de comercio de los países firmantes. Todos ellos finalmente, y después de cinco años, han conseguido alcanzar acuerdos sobre determinados puntos que en su momento retrasaron el proceso, como son: las protecciones comerciales en relación a las patentes de nuevos medicamentos; la ausencia de aranceles, sobre todo en el sector lácteo y azucarero; la lenta eliminación de los impuestos de los automóviles de origen japonés que son vendidos en EEUU.

Estos puntos generaron conflicto entre los países firmantes, debido a que como ocurre en todo acuerdo de comercio bilateral o multilateral determinado por asimetrías y desequilibrios en cuanto a la capacidad de sus partes, las consecuencias de corte económico derivan inevitablemente en consecuencias políticas, fundamentalmente a través del establecimiento de relaciones de subalternidad de los más débiles respecto a la parte más fuerte. Así, con el TPP, además de generar espacios de libre comercio e inversión hegemonizados por EEUU, el gigante estadounidense consigue consolidar toda un área de influencia política que incluiría al conjunto de países firmantes, y que estaría directamente encaminada a estrechar el cerco sobre aquellos actores emergentes que amenazan esta supremacía multidimensional. Se trata del apuntalamiento de la hegemonía estadounidense (con la UE como aliado subalterno) mediante la reducción de espacios de influencia y expansión de los actores emergentes, fundamentalmente Rusia y China.

Esta es la lógica fundamental que explica la conclusión del TPP: reducir el ascendente económico (y, por extensión, político y militar) de China en su propio espacio de influencia natural, y apuntalar la presencia estadounidense en una zona sujeta a disputa, mediante la generación de un mecanismo jurídico-político de sujeción de una serie de países al propio espacio de influencia estadounidense, reforzando al tiempo la alianza estratégica con un tradicional amigo de EEUU en la zona como es Japón. En lo que respecta a América Latina, el TPP incluye a tres de los países que a lo largo de los últimos 15 años se han mantenido fieles a la vinculación preferencial con el gran vecino del Norte y a los dictados del modelo neoliberal, pese a la hegemonía que a nivel regional habían venido obteniendo unos gobiernos progresistas más vinculados a dinámicas de autonomización respecto a los EEUU: se trata de Chile, México y Perú. No en vano, los tres forman parte del principal experimento a través del cual se pretende restaurar en la zona un Regionalismo Abierto de inspiración neoliberal, que tanto predicamento tuvo en los años 90 del siglo pasado en la región: la Alianza del Pacífico. Asimismo, el otro país miembro de esta organización de cooperación, Colombia, también se muestra sumamente interesado en ingresar en el TPP.

El TPP es un engranaje más en el fortalecimiento del modelo neoliberal concebido y adaptado para favorecer los intereses de las empresas transnacionales. El gobierno de EEUU busca, mediante este tratado, consolidar posiciones ventajosas para sus empresas en este espacio de influencia que, según algunas estimaciones, comprenderá hasta un 40% de la economía mundial. Neoliberalismo, hegemonía estadounidense y TPP forman parte, por tanto, de una misma articulación coherente dentro de la llamada “arquitectura de la impunidad”, que deriva de la hegemonía del Derecho Corporativo Global.

Así, y como viene ocurriendo en otros procesos de negociación como el del TTIP, el TPP contempla un sistema de solución de controversias inversor-estado (ISDS en sus siglas en inglés) inspirado en la prevalencia de esta lex mercatoria que privilegia sistemáticamente los intereses de las empresas transnacionales en detrimento de la soberanía nacional de los países que se puedan ver involucrados en estas contiendas.

Los puntos clave del TPP

El acuerdo considera 30 capítulos, que abarcan las siguientes áreas: acceso a mercados, reglas de origen, obstáculos técnicos al comercio, medidas sanitarias y fitosanitarias, defensa comercial, competencia, compras públicas, servicios, inversiones, comercio electrónico, telecomunicaciones, entrada temporal, servicios financieros, asuntos legales, propiedad intelectual, medio ambiente, laboral y cooperación. Adicionalmente, se han incorporado los denominados temas horizontales, que incluyen coherencia regulatoria, competitividad, desarrollo y pequeñas y medianas empresas. Y a nivel industrial, el acuerdo involucra las áreas automovilística, textil, farmacéutica y agrícola (centrado en productos como arroz, productos cárnicos y el sector lácteo).

Entre los puntos clave destacan:

  • Prohibición de etiquetado obligatorio para los productos modificados genéticamente.
  • Protección de patentes y derechos de autor, (lo que incluye un sector tan sensible como los medicamentos genéricos, favoreciendo a las transnacionales de la industria farmacéutica mediante el reforzamiento de la propiedad industrial).
  • Reconocimiento mutuo de numerosas regulaciones, con lo que ello implica de aplicación de aquellas menos garantistas y más beneficiosas para los intereses de las empresas transnacionales en el conjunto del área de libre comercio.
  • Detrimento de la contratación pública en favor de la privatización (reducción compra de productos locales en pro de productos internacionales).
  • Regulaciones ambientales (se pactan asuntos relacionados con energía nuclear, contaminación y sostenibilidad).
  • Desregulación financiera.

Por último, cabe destacar que el proceso de negociación del TPP ha reproducido algunos de los conflictos fundamentales que se han venido dando en los últimos años en la conclusión de este tipo de tratados de libre comercio e inversión, como son:

En materia agraria, se han reproducido los conflictos referentes al mantenimiento de la política proteccionista de EEUU a través de la Farm Bill, que perjudica directamente los intereses exportadores de países con mayor potencial competitivo en este sector, y favorece el dumping por parte de EEUU hacia el exterior. Tanto la UE (en lo que respecta a la Política Agraria Común) como EEUU han tenido tradicionalmente disputas encarnizadas en esta área a la hora de negociar marcos de liberalización en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y en otros espacios bilaterales e interregionales.

La regulación en materia de propiedad intelectual. En dicha área se incorporan los mayores estándares hasta el momento negociados a nivel internacional, potenciando un severo impacto en el acceso a bienes esenciales, tales como productos farmacéuticos, bienes culturales (libros, software), etc. A este respecto, a la exclusión de un actor como China, totalmente alejado de los patrones que en la materia van a imperar en el TPP, se suman las discrepancias de otros como Chile, que sí van a formar parte del acuerdo, pero que han peleado por modificar en parte el contenido base propuesto desde EEUU, tal y como revelaron los documentos filtrados en 2013 a través de Wikileaks.

Finalmente, vemos en la aprobación del TPP un proceso clave en el devenir de la geopolítica: en tanto que puede servir como ejemplo y factor agilizador en la negociación de otros tratados del mismo calado, como el TTIP. Ya que el TPP refuerza la posición de EEUU como potencia clave en tanto que le otorga ‘poder estructural’, que significa la capacidad de imponer reglas y normas de modo que otros tengan pocas alternativas aparte de ajustarse.

En cualquier caso, el TPP solamente ha sido sellado, ya que está pendiente de aprobación y ratificación por los gobiernos y parlamentos de cada uno de los países firmantes. Mientras tanto, diferentes organizaciones sociales y plataformas ciudadanas (como TPP abierto o Chile Mejor Sin TPP) se mantienen en pie de guerra trasladando a la opinión pública las consecuencias que conllevaría su aprobación. Al igual que en anteriores ocasiones, como en el caso del ALCA, a día de hoy resulta evidente que la clave de las victorias futuras para los pueblos siguen pasando por la movilización social y la confrontación popular contra esta arquitectura neoliberal.


Beatriz Plaza (@BeaPlazaE) y Gorka Martija son investigadores del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL)Paz con Dignidad.


Ver en línea : La Marea, 9 de octubre de 2015.


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