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Propuestas de transición a economías y sociedades postcapitalistas

De resistencias, regulaciones y alternativas

Pedro Ramiro (Pueblos, nº 66, julio 2015)

Viernes 28 de agosto de 2015

Con la expansión del capitalismo global y el aumento del poder de las grandes corporaciones se han multiplicado por todo el planeta las luchas sociales que ponen en cuestión la centralidad de las empresas transnacionales en el modelo de “desarrollo”. En las últimas décadas, confrontando la visión hegemónica que sitúa al crecimiento económico y al sector privado como pilares del “progreso” para toda la sociedad, han surgido múltiples procesos de resistencia que se enfrentan a la creciente mercantilización y privatización de cada vez más esferas de nuestra vida. Junto con todas estas experiencias, impulsadas en buena medida por organizaciones de la sociedad civil y movimientos sociales emancipadores, han cristalizado también distintos paradigmas y marcos de referencia alternativos a la modernidad capitalista.

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Con el objetivo de construir propuestas de transición que sirvan para avanzar hacia economías y sociedades postcapitalistas, estos nuevos discursos e iniciativas contrahegemónicas van caminando con una triple perspectiva. Primero, con una dinámica de resistencia: investigando y denunciando la expansión del capital transnacional para tratar de frenar sus impactos económicos, políticos, sociales, ambientales y culturales. Segundo, siguiendo una lógica de regulación: formulando mecanismos de control y propuestas de redistribución que, en el marco del actual modelo socioeconómico, sirvan para poner los derechos de las personas y los pueblos, como mínimo, al mismo nivel que esa lex mercatoria que protege con fuerza los negocios de las grandes empresas. Y, tercero, con la idea de apostar por la construcción de alternativas: impulsando y poniendo en práctica propuestas concretas que, teniendo como horizonte la necesidad de construir modelos de desarrollo y de sociedad diferentes al dominante, vayan arañando, aquí y ahora, parcelas de autonomía y soberanía económica a las empresas transnacionales.

Estas dinámicas de resistencia, regulación y alternativa están avanzando a un mismo tiempo, en paralelo y de forma dialéctica en el marco de una lógica de proceso y con una perspectiva de transición. Puede decirse que, en este contexto, las tres perspectivas son complementarias y todas ellas, a la vez, interpelan a gobiernos, empresas y organizaciones sociales a establecer otros sistemas socioeconómicos que no tengan como pilar fundamental lo que Karl Polanyi denominó “el móvil de la ganancia” (refiriéndose a los orígenes del capitalismo y constatando cómo “en el espacio de una generación toda la tierra habitada se vio sometida a su corrosiva influencia”) [1].

De los impactos a las luchas y resistencias

El hecho de que las grandes corporaciones dispongan actualmente de un gran poder económico, político, jurídico y cultural tiene que ver con la propia evolución del capitalismo global en los dos últimos siglos. Y de ahí se deriva, por un lado, la extraordinaria influencia de las empresas transnacionales en la mayoría de ámbitos de nuestra vida y, por otro, el amplio currículum de impactos socioecológicos y violaciones de los derechos humanos asociados a su forma de hacer negocios por todo el globo [2]. Por eso, no es de extrañar que, en un contexto mundial marcado por la profundización de la acumulación por desposesión y por la apropiación de la riqueza por parte de una minoría (la que controla la gestión y la propiedad de los grandes bancos y compañías multinacionales), hayan surgido numerosos procesos de resistencia que confrontan el poder corporativo.

Las dinámicas de resistencia y de contestación social vienen produciéndose, en realidad, desde que las grandes corporaciones (que al principio fueron estadounidenses y más tarde también europeas y asiáticas) se dedicaron a expandir sus operaciones a otros países para profundizar con su lógica de crecimiento y acumulación. Puede decirse, entonces, que hay una especie de hilo rojo que conecta las luchas del movimiento obrero a finales del siglo XIX y comienzos del XX, con sus reclamaciones de mejoras en las condiciones laborales y en el reparto de los beneficios empresariales, con las que hoy tienen como protagonistas a las comunidades locales y pueblos indígenas que se oponen a la presencia de mineras y petroleras en sus territorios, pasando por todas las campañas de resistencia que tuvieron lugar a lo largo del siglo pasado frente a empresas como United Fruit Company (hoy llamada Chiquita Brands), Nestlé, Shell, Nike, McDonald’s, Coca-Cola, Chevron-Texaco y muchas otras transnacionales [3].

Estos procesos de resistencia se dirigen, fundamentalmente, a las grandes corporaciones, con el objetivo de detener (o, al menos, minimizar) sus impactos directos sobre las poblaciones y el entorno. En ellos, el movimiento obrero y las organizaciones sindicales, que históricamente han jugado un papel central en la consecución de derechos laborales y sociales, ya no son los únicos agentes de las reivindicaciones. De hecho, como la interacción de las transnacionales con el conjunto de la sociedad no se limita exclusivamente al plano laboral, muchas de estas nuevas formas de acción colectiva (unas, con un fuerte componente de movilización social; otras, con una más acusada vertiente de denuncia e incidencia política) han sido impulsadas por las personas y los colectivos que se han visto más directamente afectados por los impactos de estas empresas: usuarios, consumidores, campesinas, indígenas, precarios, desempleadas, activistas…

En el caso concreto de América Latina, además, estos procesos de resistencia popular frente al capital transnacional resultaron decisivos a la hora de contribuir a la conformación de las mayorías sociales que, conforme fue avanzando la primera década de este siglo, desalojaron de los gobiernos a los gestores del Consenso de Washington y certificaron el fin de “la larga noche neoliberal”.

Como en el caso de Bolivia, por ejemplo, donde no podría entenderse el triunfo electoral de Evo Morales sin tener en cuenta el intenso ciclo de movilizaciones que se produjo en el país en los años anteriores, lo que transcurrieron entre “la guerra del agua” y “la guerra del gas”. Eso sí, estos gobiernos de cambio, superada (mejor dicho, amortiguada) la etapa de resistencia, se debaten ahora entre una dualidad que, al fin y al cabo, es similar a la que aquí puedan tener ahora los nuevos partidos y agrupaciones ciudadanas que han apostado por el “asalto institucional” y van a tener que ejercer responsabilidades de gobierno: ¿hay que optar por una asociación táctica con las corporaciones transnacionales (que suponga un avance en términos de regulación) o por una apuesta estratégica por un modelo de desarrollo (construyendo una propuesta alternativa) basado en paradigmas como el decrecimiento, el buen vivir o el ecofeminismo?

¿Mecanismos de control o propuestas alternativas?

En realidad, en esa tensión constante entre regulación y alternativa, entre la posibilidad de mecanismos de control para limitar el poder de “los mercados” y la urgencia de construir propuestas para avanzar en una transición postcapitalista, es justamente donde se están moviendo la mayoría de las iniciativas que le están disputando la centralidad del modelo socioeconómico a las grandes empresas. Y como apenas existen espacios que no hayan sido colonizados por la lógica de la propiedad privada y el crecimiento económico (en el capitalismo global no hay “afueras”), buena parte de estas experiencias funcionan mediante una combinación de esa doble perspectiva de regulación y alternativa.

Como parte de una misma propuesta de transición, se trata de combinar las exigencias tanto de mejorar la legislación existente como de crear nuevas normativas a nivel nacional e internacional (transparencia y rendición de cuentas, evaluación y seguimiento de las prácticas de las grandes compañías, fiscalidad justa, etc.) que estén dirigidas a los gobiernos e instituciones multilaterales, con la puesta en práctica de proyectos alternativos que, partiendo de renovados paradigmas que no tengan como principio fundamental “el móvil de la ganancia”, sean impulsados por las organizaciones de la sociedad civil para ir caminando hacia nuevos horizontes emancipatorios que pongan la diversidad, la colectividad, la democracia y la sostenibilidad de la vida en el centro.

Ambas vías se relacionan de forma dialéctica, teniendo presente que, como afirma Miren Etxezarreta [4], “no es lo mismo una propuesta, un medio, un instrumento alternativo para resolver un problema específico, que una sociedad alternativa que tiene por objetivo subvertir la existente”. Y, además, se construyen dentro de una lógica de proceso, sabiendo que (en palabras de esta misma autora) “la alternativa es el propio proceso de lucha y transformación, un proceso que se tiene que ir construyendo en la vida cotidiana, en la lucha por una sociedad diferente”.

Empresas recuperadas, monedas sociales, finanzas solidarias, banca ética, comercio justo, cooperativas de consumo agroecológico, proyectos de vivienda comunitaria en derecho de uso, cooperativas de trabajo asociado, empresas de inserción, circuitos cortos de comercialización… Todos ellos son ejemplos, cada uno en distinto grado y con diversa potencialidad, de cómo es viable organizar las actividades humanas de otra manera, al margen de la lógica de la acumulación capitalista.

En este sentido, mientras algunas de ellas ya están contribuyendo a disputarle parcelas de poder a las multinacionales en varios países latinoamericanos, por ejemplo, otras están en una fase más incipiente y se constituyen como “laboratorios de experiencias” que, a menor escala, sirven para ensayar prácticas social y ambientalmente responsables, basándose en los principios de la economía solidaria, feminista y ecológica [5]. “De tener éxito, estas pequeñas experiencias crearán los nodos de agregación y copia para la siguiente fase. Los faros imprescindibles, los bancos de prueba”, dicen los autores de En la espiral de la energía. [6]

El reto, en este contexto, está en cómo seguir articulando alternativas reales y viables que sirvan para continuar con el diseño de otra manera de entender la economía. Existe una multitud de movimientos sociales que tratan de superar la economía capitalista y el Estado como pilares inmutables de la organización social, y para ello están buscando alternativas basadas en la solidaridad, la proximidad y la participación. Y, en esa misma dirección, la democracia radical y las necesidades humanas aparecen como factores clave para una nueva organización socioeconómica, en la que se subordinen las dimensiones productiva y financiera de la economía a las personas y al cuidado de la vida en el planeta. Todo ello, tal y como recoge el “nuevo mandato de comercio alternativo”, [7] siempre en base a una premisa central: “Los derechos humanos, la democracia y la transparencia deben priorizarse por encima de los intereses empresariales y privados, al igual que el acceso universal a los servicios públicos de calidad, la protección social, las normas laborales y ambientales”.


Pedro Ramiro (@pramiro_) es coordinador del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) – Paz con Dignidad

- Euskaraz: “Kapitalismo osteko ekonomiak eta gizarteak lortzeko trantsizio proposamenak. Erresistentziak, arauketak eta alternatibak” >>


Ver en línea : Pueblos, nº 66, tercer trimestre de 2015.


Notas

[1Como escribió Polanyi en La gran transformación (La Piqueta, Madrid, 1989), “el mecanismo que el móvil de la ganancia puso en marcha únicamente puede ser comparado por sus efectos a la más violenta de las explosiones de fervor religioso que haya conocido la historia”.

[2Ramiro, Pedro, y González, Erika (2013): “Empresas transnacionales: impactos y resistencias”, Ecologista, nº 77.

[3González, E., y Ramiro, P. (2013): “Resistir a las transnacionales. Los movimientos sociales frente a las grandes corporaciones en Europa y América Latina”, en Hernández, J.; De la Fuente, M.; De Vicente, A.; e Iruzun, K. (eds.), Empresas transnacionales en América Latina: Análisis y propuestas del movimiento social y sindical, UPV/EHU, Hegoa y OMAL, Bilbao.

[4Etxezarreta, M. (2014): “Reflexionando sobre las alternativas”, Dossieres EsF, nº 13. Veáse también: VV.AA. (2013): Reflexionando sobre las alternativas, Informes de economía, nº 9, Seminari d’Economia Crítica TAIFA.

[5González Reyes, M. (2012): “Alternativas”, en Hernández, J.; González, E.; y Ramiro, P. (eds.), Diccionario crítico de empresas transnacionales, Icaria, Barcelona.

[6Fernández Durán, R.; y González Reyes, L. (2014): En la espiral de la energía, Libros en Acción y Baladre, Madrid, vol. 2, p. 323.

[7Mandato de Comercio Alternativo (2014): “Por una nueva perspectiva frente al comercio”.


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