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Reseña de "La división sexual del trabajo por la paz. Género y rehabilitación posbélica en El Salvador y Bosnia-Herzegovina", de Irantzu Mendia

La perspectiva de género en el análisis de los conflictos armados en El Salvador y Bosnia-Herzegovina: de la conciencia de clase a la justicia de género

Beatriz Plaza (Pueblos, 20 de abril de 2015)

Martes 19 de mayo de 2015

Irantzu Mendia Azkue en su libro ‘La división sexual del trabajo por la paz. Género y rehabilitación posbélica en El Salvador y Bosnia-Herzegovina’ nos lleva a través de un excelente análisis desde la perspectiva feminista a comprender el papel que jugaron las organizaciones feministas y de mujeres en estos dos países.

En la primera parte nos abre las puertas a conocer el escenario geopolítico en el que se desarrollaron los conflictos armados y la consecuente construcción de la paz, destacando el papel que tuvieron los acuerdos de paz en cada uno de los contextos, para después seguir conociendo cuáles han sido las implicaciones que el conflicto ha tenido para las mujeres y cuál ha sido la perspectiva feminista que ha primado en el discurso y en la práctica internacional para la construcción de la paz. La obra desvela a través de un riguroso análisis cómo los discursos internacionales difieren en la construcción práctica de la paz y la rehabilitación posbélica de las formas de acción colectivas propias de las organizaciones feministas y de mujeres; dejando entrever, a la vez, cómo el discurso predominante en las organizaciones internacionales responde más a un modelo de paz liberal que a un proceso de paz que garantice una transformación social.

El libro cuenta con varios testimonios de lideresas e integrantes de movimientos feministas de El Salvador y Bosnia-Herzegovina, que a través de varias entrevistas nos cuentan su percepción del conflicto armado y las implicaciones que ha tenido para las mujeres. Esto le aporta mucho valor a la investigación, ya que además de manifestar la preocupación de la autora por recoger la perspectiva de las propias protagonistas, nos ofrece reflexiones de gran valor que nos acercan de una forma más íntima al conflicto.

Ambos conflictos armados son representaciones de realidades sociales distintas y además están ubicados en diferentes espacios temporales. El caso de El Salvador se enmarca en el contexto de la Guerra Fría (1890-1992) y el de Bosnia-Herzegovina se ha caracterizado como una ‘nueva guerra’ y su marco temporal va desde el año 1992 al 1995. Esta diferenciación supone un enriquecimiento que nos permite conocer, de manera muy rigurosa y didáctica, cuáles han sido las mayores implicaciones de los organismos internacionales en la resolución del conflicto y en la posterior rehabilitación posbélica; lo cual, en cierto modo, influirá en la respuesta que desde las organizaciones feministas analizadas se ha dado a la demanda de una construcción de la paz liderada por las mujeres.

El conflicto armado en El Salvador tiene sus raíces en un enfrentamiento político ideológico entre el Estado salvadoreño y el FMLN (Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional). Entre las causas que lo motivaron destacan problemas estructurales como la represión a diferentes expresiones de reivindicación social, las grandes desigualdades económicas y sociales que conllevaron altos niveles de pobreza económica y el acaparamiento de grandes extensiones de tierra en manos de terratenientes. A simple vista, podemos constatar que muchas de estas problemáticas han sido comunes en diferentes países de América Latina, y que también han desencadenado conflictos armados, como es el caso de Nicaragua, Guatemala o Colombia, y contra las que el mismo Estado también ha respondido con la táctica de ‘tierra arrasada’. El escenario de conflicto armado se da por finalizado con la firma del Acuerdo de Chapultepec el 16 de enero de 1992, aunque para ello se llegaron a firmar siete acuerdos predecesores. De la mano de la autora se nos va descubriendo como la firma del acuerdo no da por alcanzada la paz, ni mucho menos termina con la violencia.

La firma de un acuerdo de paz no es garantía de la no violencia, como demuestra el hecho de que para gran parte de la población de El Salvador la violencia sigue siendo una realidad diaria. La escasa participación de mujeres en la firma de los acuerdos, además de la ausencia de una perspectiva feminista y de género en las políticas orientadas a la reconstrucción posbélica y a la construcción de la paz, fueron factores que, aun actualmente, explican muchas de las luchas que el movimiento feminista salvadoreño sigue desarrollando.

En el caso de las mujeres la violencia, lejos de descender, se ha acrecentado, y resulta evidente cómo la firma del Acuerdo de Chapultepec no conllevó los objetivos de alcanzar la paz, hecho que merece una revisión. Para el feminismo salvadoreño la firma de la paz marcó un hito que poco a poco le llevó a transitar del feminismo marxista/revolucionario al feminismo socialista y radical. La autora del libro evidencia este hecho de manera muy acertada con la afirmación de que en El Salvador las organizaciones feministas “han vivido su propia ‘transición postconflicto’, que no ha consistido en la transición de la guerra a la paz sino de la conciencia de clase a la conciencia de género”. Es decir, las causas estructurales que motivaron el conflicto no se determinaron desde una perspectiva feminista, ni las consecuencia de la firma del acuerdo de paz supusieron un cambio en las relaciones de género ni mucho menos cuestionaron el modelo patriarcal, por lo que la lucha feminista, lejos de acallarse en el tiempo, se ha concienciado de que su empoderamiento pasa por una reivindicación estructural que cuestione el modelo capitalista patriarcal.

El contexto del conflicto armado en Bosnia-Herzegovina se presenta en su génesis como un conflicto cuya definición como fundamentalmente étnico y endógeno es, en cierto modo, artificial. Son varias las autoras y autores que afirman que las condiciones objetivas que desencadenaron el desarrollo de un enfrentamiento armado fueron manipuladas y reforzadas a través de diferentes estímulos externos. Es decir, el reforzamiento de la identidad nacional de las tres principales comunidades (bosnio-musulmana/serbo-bosnia/bosnia-croata) que convivían en lo que se conocía como Bosnia-Herzegovina, y que fue la causa del enfrentamiento, tuvo su mayor expresión inminentemente previa al surgimiento del conflicto, y es lo que ha prevalecido para que en los discursos dominantes internacionales se hable de la ‘etnización’ de la política, centrando las causas en los factores identitarios de etnia y religión.

Si por algo se caracteriza este conflicto es por arrojar grandes cifras de violaciones sexuales cometidas y por el nivel y mantenimiento en el tiempo de la injerencia directa de agentes, organizaciones e instituciones internacionales en el escenario posbélico tras la firma del Acuerdo de Paz de Dayton. Dicha presencia de agentes externos ha influido en el desarrollo de la política interna, generando que de facto Bosnia-Herzegovina se convirtiera en un protectorado internacional condicionado por las Naciones Unidas, el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional. La injerencia directa de organismos extranjeros fue acompañado de toda una serie de políticas de cooperación, que en primer término se centraron en la dotación de fondos para la reconstrucción de infraestructuras y que con el tiempo fueron desplazándose hacia objetivos más orientados al mantenimiento de la estrategia internacional de seguridad, dirigida sobre todo por la OTAN, para después terminar reduciéndose considerablemente y dejando sin amparo económico a muchas organizaciones sociales y ONG que se sostenían de los fondos de la cooperación.

Este hecho también marcó devenir del movimiento feminista, bastante débil en la región. Las organizaciones y grupos de mujeres creadas tras la firma del acuerdo sobrevivían de los recursos que la cooperación ofrecía, por lo que la dependencia económica marcaba el devenir de su planteamiento estratégico, el cual se centraba en resolver las necesidades urgentes de una sociedad sumida en un proceso posbélico. Bajo la fuerte influencia de una agenda de paz internacional de corte liberal, en este caso las organizaciones de mujeres han transitado más de un feminismo marxista/socialista al tradicional feminismo liberal.

En la comparativa de ambos casos, llama la atención cómo en el contexto salvadoreño el movimiento feminista ha tomado un proceso más activo de concienciación y apuesta por un empoderamiento que avanza hacia la autonomía de las personas y la configuración de un nuevo sistema en el que el patriarcado no tenga cabida. En cambio, en el caso de Bosnia-Herzegovina, país que cuenta con una tradición socialista garante de la igualdad, al menos formal, las relaciones de género asimétricas siguen marcando las pautas de una sociedad artificialmente creada sobre una legislación ‘modernizada’ pero con un retroceso evidente en la autonomía y derechos de las mujeres y con poca presencia del movimiento feminista.

Sin duda, éstas y muchas más reflexiones son las que Irantzu Mendia Azkue nos ofrece en este libro para repensar, abriendo un espacio allá donde el patriarcado no cuestiona, donde el recuerdo casi no llega, donde los datos se borran en la historia no contada, pero desde donde día a día se generan nuevos gérmenes de luchas y se avanza con pasos decididos hacia la búsqueda de la verdad, la reparación y la justicia social. En ese espacio destinado al movimiento feminista donde las miradas se llenan de complicidad, el caminar siempre es comunitario y el avance siempre es colectivo, porque cada día es una lucha y lo personal es político. Muchas gracias por este libro que regala una maravillosa lectura y miles de reflexiones.


Beatriz Plaza es investigadora del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) - Paz con Dignidad.


Ver en línea : Pueblos, 20 de abril de 2015.


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