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Lo que es bueno para las multinacionales españolas, ¿es bueno para los españoles?

Marca España desde las Islas Caimán

Pedro Ramiro (Diagonal, nº 224, 28 de noviembre de 2014)

Viernes 28 de noviembre de 2014

“A por ellos”, cantan los seguidores de la selección española de fútbol, rompiendo los diarios que hablaban de la crisis y lanzándolos al ­aire como si fueran confeti. Una página de internet nos muestra que España es el primer país del mundo en donantes de órganos y una pancarta dice que “juntos podemos” y voluntarios con monos blancos limpian el chapapote del Prestige, salen imágenes de un AVE a toda velocidad y noticias sobre el incremento de las ventas de las empresas españolas, y Cruz Roja y la gente llenando las plazas y elevando sus manos al aire y durmiendo en tiendas de campaña. “Vamos a demostrarle a Europa de lo que somos capaces cuando estamos juntos”, concluye el anuncio de Coca-Cola para la Eurocopa 2012.

El spot que la empresa que más dinero ha gastado en la historia de la publicidad realizó para el último ­torneo europeo de selecciones de fútbol reúne los puntos fundamentales de la estrategia de comunicación de la Marca España: un enemigo externo al que culpar de todos los males, una identidad nacional a la que apelar y una serie de elementos positivos, con las multinacionales españolas en el papel protagonista, en torno a los que agruparnos “todos juntos para salir de la crisis”. Como reconoce la responsable del departamento de publicidad de Coca-Cola, se trata de proporcionar “mensajes de certidumbre en momentos inciertos”, ya que “las grandes marcas pueden ayudar a dar confianza y seguridad en tiempos turbulentos como estos”.

El proyecto marca España, que fue creado hace una década por el Gobierno y los lobbies empresariales para “comunicar y vender la nueva realidad de España”, ha sido reimpulsado en los últimos tres años por el Ejecutivo español con un objetivo: “Impulsar la presencia internacional de empresas y marcas españolas debe suponer una prioridad para el país”, afirma José Luis Bonet, presidente del Foro de Marcas Renombradas Es­pañolas.

La Marca España utiliza la gastronomía, la cultura, el deporte, el arte, las fiestas y las tradiciones como reclamo para “mejorar la imagen de nuestro país, tanto en el interior como más allá de nuestras fronteras”, con el argumento de que eso “contribuirá al aumento de las exportaciones, la atracción de inversión extranjera, el apoyo a la internacionalización de nuestras empresas, el incremento del turismo y, en definitiva, la recuperación económica de Espa­ña”. Pero su principal objetivo, como dice el economista Albert Recio, es “seguir exigiéndonos sacrificios en salarios, condiciones de trabajo, impuestos, recortes. Y hacernos creer que estos obedecen a un proyecto colectivo en el que todos vamos a ganar”.


“Nuestras empresas”. ¿En serio?

Después de que sus dos primeras acciones al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores fueran viajar a Arabia Saudí para firmar el contrato del AVE a La Meca —en el que participan ACS, Indra, OHL y Talgo— y convocar una reunión con los presidentes de las mayores empresas del país para potenciar la Marca España, José Manuel García-Margallo declaraba: “Soy el tercer comercial de España después del rey y el presidente del Gobierno”. “Allí donde haya una empresa española, allí estará el Gobierno defendiendo como propios sus intereses”, decía el presidente Mariano Rajoy en un acto ­organizado por el Instituto de Empresa Familiar antes de partir a una gira por México y Colombia para promocionar la Marca España.

El apoyo a la internacionalización de las empresas españolas es concebido como una “política de Estado” en la que se identifican las ganancias obtenidas por la minoría que posee la propiedad accionarial y ocupa la alta dirección de las grandes corporaciones con el “bien común” de la mayoría de la población. Y tras el crash financiero, el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y la caída de la demanda en los países centrales –con la ortodoxia dominante imponiendo como receta para “avanzar en la senda de la recuperación” el apoyo a la internacionalización empresarial y la atracción de inversión extranjera– esta idea se ha visto todavía más reforzada. “Nos están obligando a creer que los intereses de las multinacionales españolas son nuestros intereses, cuando es precisamente lo contrario”, afirma la periodista Olga Rodríguez en el documental Una mosca en una botella de Coca-Cola.


Millonarios y la “salida de la crisis”

Amancio Ortega y su familia acumulan una fortuna de 53.000 millones de euros. En 13 años, su patrimonio se ha multiplicado por cinco. El máximo accionista de Inditex es el tercer hombre más rico del mundo. Ortega, propietario del 59% del grupo al que pertenecen marcas como Zara, Stradivarius, Bershka, Pull&Bear, Massimo Dutti y Oysho, cobrará 894 millones de dividendos solo en 2014.

“La recuperación de la economía española es un hecho”, afirmaba hace un año el recientemente fallecido Emilio Botín, sabiendo que el 93% de sus ganancias provenían de sus negocios en el extranjero. “¿En crisis? ¿Quién está en crisis? Desde luego, el grupo Santander no”, dijo el presidente de la mayor entidad financiera de este país tras comprar un banco inglés en medio del crash global y ver cómo sus ganancias se triplicaban en tan solo tres años. Efectivamente, los altos ejecutivos no están notando los efectos de la crisis: los más de 400 grandes directivos que tienen las empresas del Ibex-35 ganaron 341,3 millones en 2013, el 3,8% más que el año anterior. En empresas como Inditex, Santander, Acciona, ACS, Ferrovial, Telefónica, Indra y BBVA, el salario del máximo directivo es ya más de 100 veces superior al sueldo promedio de sus empleados.

Pablo Isla, embajador honorario de la Marca España y presidente y consejero delegado de Inditex, es el ejecutivo mejor pagado de todas las multinacionales españolas: entre salario y aportación al plan de pensiones, Isla recibió 7,98 millones en 2013, más de 100 veces lo que gana el presidente del Gobierno. En Inditex, cuatro quintas partes de la plantilla son mujeres y cada trabajadora gana un sueldo medio 366 veces menor que el del presidente de la empresa.


Embajadores del pelotazo y la corrupción

“Somos los principales embajadores de nuestro país”, asegura Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, quien cobra por ese cargo un sueldo anual de más de cinco millones de euros. Como el consejero delegado del Banco Santander y los presidentes de BBVA, Inditex, Telefónica y Ferrovial. Además del salario, existen otras remuneraciones extra: bonos, primas por seguro, fondos de pensiones, despidos blindados, opciones sobre acciones… Francisco Luzón, exdirector para América Latina del Banco Santander, condecorado con la medalla de oro al mérito al trabajo por el Gobierno de Zapatero —en el mismo consejo de ministros, el último de la legislatura, en el que el consejero delegado del Santander recibía el indulto—, cobró una pensión de 65,4 millones de euros al jubilarse en 2013. Al cumplir los 65 años, Francisco González (BBVA) se embolsó 79,7 millones de su fondo de pensiones e Isidro Fainé (La Caixa), otros 24.

“Usted es un exponente claro de la llamada puerta giratoria en política. ¿Cree que la ciudadanía entiende eso?”, le preguntaba un periodista de El País a Josep Piqué. “No hay que generalizar”, respondía el actual vicepresidente y consejero delegado de OHL, que hace años fue ministro de Industria y Energía en el Gobierno de Aznar, más tarde presidió la compañía Vueling y acaba de ser nombrado embajador de la Marca España: “Hay casos concretos que a mí también me escandalizan y me irritan como a la mayoría de los ciudadanos”. Suponemos que su propio caso y el de la constructora que ahora dirige Piqué no deben de estar entre ellos, a pesar de que su presidente —que recibió de manos del rey el título de marqués de Villar Mir— aparece como uno de los principales donantes de la contabilidad B del Partido Popular.


El discurso de “riqueza y empleo”

Las empresas del Ibex-35 ganaron 19.000 millones de euros en 2013. Según los analistas de Bloomberg, las ganancias de las grandes compañías españolas se incrementarán el 81% este año, llegando a superar los 31.000 millones. Toda esta riqueza económica tiene unos claros destinatarios: al mismo tiempo que la alta dirección de las empresas cotizadas volvía a subirse los sueldos el 3,5% de promedio y 26 empresarios españoles —entre ellos, los dueños de Inditex, Mango, Mercadona, OHL, Prosegur, ACS, Ferrovial y El Corte Inglés— han llegado a acumular una fortuna declarada de más de 1.000 millones de dólares por cabeza, 120.000 trabajadores de las cotizadas españolas —el 8,9% del total de sus plantillas— fueron despedidos el año pasado.

La mayor presencia de capital ­extranjero en el accionariado de estas empresas y la ampliación de las actividades de las multinacionales españolas a nuevos nichos de mercado no guardan una correlación con la mejora de las condiciones de vida de la mayoría de la población, ni siquiera en términos de empleo. Telefónica, la primera multinacional española por beneficios, ha reducido a la mitad su plantilla en solo una década, pasando de tener 40.000 trabajadores en el año 2003 a 20.000 en 2013. Y mientras los beneficios del Santander aumentaron en una media anual del 17% entre 1998 y 2007, el número total de empleados del banco se redujo, en ese mismo período, el 4% cada año. En 2013, por primera vez en la historia, los excedentes empresariales superaron a las rentas salariales en el cómputo del PIB español.


“Patriotismo económico”, le llaman

“Soy muy patriota y me honro de querer a mi país. A igualdad de condiciones, invierto en España”, asegura el presidente de OHL, Juan Miguel Villar Mir, “pero he de velar porque me dé rentabilidades como las que obtengo fuera”. Éste es el patriotismo económico del que hacen gala los grandes empresarios españoles: por un lado, promocionan la Marca España y, por otro, domicilian sus sociedades y sitúan sus fortunas en paraísos fiscales para ahorrarse el pago de impuestos en el país que tanto dicen defender. Eso es lo que han hecho ilustres embajadores de la Marca España como el arquitecto Santiago Calatrava y los empresarios Emilio Botín (Santander) y Rafael del Pino (Ferrovial).

El 94% de las compañías del Ibex-35 posee filiales en paraísos fiscales para eludir el pago de impuestos y, mientras el tipo nominal del impuesto de sociedades es del 30%, apenas tributan por el 4% de sus beneficios. Esta tendencia se ha acentuado después del estallido global de la crisis: el Banco Santander disponía de 72 filiales en territorios off-shore en 2011, el doble que dos años antes. Y a la vez que sus instalaciones petrolíferas en aguas de Canarias son protegidas por el Ejército español, Repsol tiene más de cuarenta filiales en paraísos fiscales como las Islas Caimán, Bermudas, Luxemburgo y Suiza.


Pedro Ramiro es coordinador del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) - Paz con Dignidad y autor de “Marca Espa­ña. ¿A quién beneficia?” (Icaria, 2014).


Ver en línea : Diagonal, nº 224, 28 de noviembre de 2014.


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