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«La crisis nos ha mostrado la perversidad y corrupción del sistema capitalista»

Entrevista de Raquel Suárez (La Verdad) a Juan Hernández Zubizarreta, profesor de la UPV/EHU

Jueves 30 de octubre de 2014

Juan Hernández Zubizarreta, profesor de Derecho en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU): «Estamos gobernados por el poder de la arquitectura jurídica y política de la impunidad que beneficia a empresas transnacionales».

«No es razonable que los derechos humanos estén subordinados al comercio y que se gane dinero a costa del sufrimiento de tanta gente», explica el profesor de Derecho del País Vasco, Juan Hernández, quien la pasada semana participó en el I Congreso Nacional de Investigación ’Empresa y Derechos Humanos’, celebrado en el Aula de Cultura de Cajamurcia en Murcia

Para Juan Hernández estamos atrapados en una arquitectura de la impunidad de la que no salimos «porque los poderes políticos, jurídicos y económicos lo impiden». Mientras, muchas personas sufren y mueren en un mundo en el que la salud está supeditada a los beneficios económicos y todo vale mientras se gane dinero.

A pesar de las continuas denuncias sobre los abusos que cometen las empresas transnacionales, nada parece detenerlas. ¿Usted diría que estamos gobernados por el poder de las multinacionales?

Estamos gobernados por el poder de la arquitectura jurídica y política de la impunidad que beneficia a las empresas transnacionales. Las normas de comercio e inversiones protegen con mucha fuerza los derechos del capital. Además, a las transnacionales no se las puede controlar porque los países receptores son cómplices en muchas ocasiones.

De esta arquitectura de la impunidad son también responsables los estados matrices. Los gobiernos europeos y muchas instituciones internacionales, como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, favorecen el que las empresas transnacionales puedan continuar vulnerando los derechos humanos. Hechos como que, por ejemplo, no se hayan combatido enfermedades como el ébola demuestra que las investigaciones que no son lucrativas no interesan. La salud no se considera un bien universal.

En su opinión, ¿todas las empresas transnacionales son iguales o hay casos de mayor sensibilidad hacia la responsabilidad social?

Creo que cuanto más grande es la empresa más derechos humanos y medioambientales vulnera y que lo hace con una mayor impunidad. Resulta muy difícil señalar cuál de las empresas incluidas en el IBEX 35 desarrolla unas buenas prácticas.

Por otra parte, lo que denominan responsabilidad social corporativa, en estos casos, además de pretender el lavado de las multinacionales, lo que en realidad hacen es reforzar sus derechos y derivar las obligaciones a los países en los que se instalan. Además, es un intento de desviar lo que es, en realidad, una obligación, como es la protección de los derechos humanos y del medio ambiente. Se trata de una especie de derecho blando que, al final, concluye en que no hay responsables.

¿Cuáles son las presiones que dificultan el que se pueda acabar con este tipo de acciones?

Las empresas transnacionales funcionan como lobbies que acumulan grandes dosis de poder, además están las puertas giratorias por las que los responsables políticos pasan a formar parte de los consejos de administración de las empresas.

Por otra parte, se nos ha hecho creer que la internacionalización de las empresas es siempre positiva para el país, lo que denominan ’la marca España’. Eso es totalmente falso porque antes habría que evaluar si estas empresas respetan los derechos humanos, si deterioran el medio ambiente, si generan empleo en el país, si realizan inversiones, si los beneficios revierten en el país de origen, si pagan sus impuestos. La internacionalización no es buena a toda costa, habría que analizar cada caso.

Además, no creo que, como se nos quiere hacer ver, la internacionalización sea buena para la población en general, en todo caso lo será para los accionistas y para los comités de administración de las empresas. Creo que toda esta propaganda ayuda a construir esa arquitectura de la impunidad, a la que antes hacía referencia, y hace que la vulneración de derechos sea difícil de controlar, no porque no se pueda, sino porque no se quiere.

¿Cuáles son los atentados contra los derechos humanos que con mayor frecuencia suelen cometer las empresas?

Hay que partir del concepto de la indivisibilidad de los derechos humanos pero, una vez dicho esto, diría que, en estos momentos, las empresas energéticas son especialmente beligerantes ya que expulsan a la gente de sus tierras y causan un importante daño medio ambiental.

También lo son las agroalimentarias que están causando graves daños en muchos países de África y Latinoamérica, además estas empresas suelen repetir sus formas de actuar en todos los lugares en los que se implantan. El pasado mes de junio formé parte del Tribunal Permanente de los Pueblos, en Bruselas, en el que se juzgó a empresas y se dio el caso de una compañía suiza -Glencore- que repetía los mismos patrones de vulneración de derechos en países tan dispares como Filipinas, Zambia, Perú, Congo y Colombia. Especialmente perverso es también el caso de las farmacéuticas que convierten en negocio lo que debía de ser un bien público. Y, por encima de todas ellas, las armamentísticas que causan un daño directo y brutal.

¿Por qué es el sector turístico uno de los que más preocupan en lo que se refiere a la vulneración de los derechos humanos?

Aunque no conozco el dato creo que puede estar relacionado con el tráfico de niños y niñas en determinados países del planeta, lo cual es sumamente grave. También puede tener que ver con las relaciones internas con las personas trabajadoras, ya que se trata de un sector en el que se trabajan muchas horas y por muy poco dinero.

¿De qué armas disponemos los ciudadanos para luchar contra esos abusos?

Si nos sensibilizáramos en serio creo que podríamos hacer mucho. Los derechos humanos no son algo retórico sino que deben estar en el vértice de la pirámide y todas las políticas deben ir subordinadas al cumplimento de estos derechos. Esto es algo que los poderes políticos y la ciudadanía debemos exigir. Hay que terminar con los lobbies, los paraísos fiscales y las puertas giratorias. Frente al lenguaje de ganar dinero hay que luchar con un consumo responsable, con un boicot organizado o, al menos, con un no consumo para exigir que no se vulneren los derechos humanos.

¿A qué atribuye el que el conjunto de la sociedad no actúe con mayor contundencia frente a la vulneración de los derechos humanos?

El bombardeo ideológico es muy fuerte. Consignas como la marca España nos propone ideas equivocadas. Sin embargo debemos pararnos a pensar y colocar por delante los derechos humanos. Además, debemos «aprender a vivir con menos para vivir mejor». Debemos informarnos para neutralizar esas ideas y considerar para quién es el beneficio. En cierto modo, la crisis que nos golpea de un modo tan fuerte nos ha servido para comprobar las dosis de corrupción y perversidad que existen en el sistema capitalista.

Parece que existe cierto vacío legal que beneficia a las empresas transnacionales. ¿A quién compete en este caso legislar y a quién hacer que se cumpla?

Los estados tienen una obligación de garantizar que se respeten los derechos humanos, controlando la internacionalización, no financiando a aquellas empresas que vulneran estos derechos y exigiendo la extraterritorialidad.

Una buena noticia es que el Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha aprobado recientemente en Ginebra una resolución que ha dado lugar a la creación de un grupo de trabajo conformado por Estados para la negociación de un tratado que promueva normas obligatorias para el control de empresas transnacionales. Se trata de iniciar la senda de un Tratado vinculante que va más allá de propuestas voluntarias. Curiosamente, esta resolución se aprobó gracias al voto de los países empobrecidos porque la mayor parte de los europeos votaron en contra.

Ojalá podamos disponer de este Tratado para neutralizar el poder de las multinacionales porque no es razonable que los derechos humanos estén subordinados al comercio y que se gane dinero a costa del sufrimiento de tanta gente.

Al tratarse de un problema mundial, carecemos de referencias para poder solucionarlo. Sin embargo, ¿conoce alguna iniciativa de algún país que nos pueda servir como ejemplo para abordar este tema?

La mayoría son iniciativas de carácter voluntario. Muchas de ellas pueden formar parte de ese texto vinculante de la ONU, que será el primer Tratado de obligado cumplimiento. Es difícil hablar de ejemplos pero creo que se podría destacar aquí la actuación del gobierno boliviano de Evo Morales que ha iniciado una senda de soberanía nacional, de procesos de nacionalización y ha abandonado el tribunal arbitral del CIADI y los tratados de comercio e inversiones. Es un ejemplo para hacer ver que si se quiere se puede, solo hace falta voluntad política.


Ver en línea : La Verdad, 28 de octubre de 2014.


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