Encogerse

María González Reyes

Jueves 5 de febrero de 2015

Llevaba ya un tiempo dándose cuenta de que, cada día, se levantaba y se acostaba con el ánimo más encogido. Y no fue el viento junto al que volaba su cometa quien la sacó de aquel estado, fue la conversación amable del panadero que, al ver su cara de “me doy igual a mí misma”, la animó a pararse a disfrutar de un dibujo hecho con tiza que alguien pintó en el suelo de la calle. Y esto le recordó que a ella también le gustaba pintar, por lo que volvió a visitar a las amigas (de esas que “no hace falta avisar con antelación” y te puedes plantar directamente en su puerta y que siempre sonríen cuando llegas) para recoger los pinceles que dejó allí olvidados hacía semanas, y Paula la recibió con un abrazo que le supo a reconciliación. Y comenzó a sentirse bien de nuevo consigo misma, a darse cuenta de que sus logros más importantes no tenían que ver con las cosas que había perdido, sino con el cariño de la gente con la que intercambiaba palabras a diario, con sentirse acogida en su comunidad, con crear ideas para pintar el mundo junto a otra gente, con reírse jugando a cualquier juego, con cooperar para conseguir algo, con disfrutar de su cuerpo junto a otro cuerpo, con sentirse respetada. Y así, su ánimo empezó a agrandarse de nuevo como una nube un día de sol y de lluvia.

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