Madres

María González Reyes

Jueves 20 de noviembre de 2014

Hace frío. A esa hora de la mañana siempre hace frío, da igual en qué época del año se esté. Aunque es diferente el frío que hace que te duela al respirar (sobre todo si entra rápidamente por la nariz como consecuencia de tener que andar rápido) del frío al cual se acomoda el cuerpo a los diez minutos de estar caminando. Su frío es del primer tipo.

Lo peor no es la salida de casa ni el camino hasta la parada, ni siquiera cuando hay que ir saltando charcos en los días de lluvia. Lo peor es la incertidumbre de no saber si podrá subir al autobús. Trata de contar: dieciocho, diecinueve, veinte… pero como no hay fila y nadie está quieto es muy complicado, así que la incertidumbre se alarga hasta que llega para llevarlos al colegio. El único autobús que pasa por ese barrio de la periferia de la ciudad. Que pasa solo una vez al día. El único que conecta el barrio con la escuela. No cuenta con plazas suficientes para todas las niñas y niños.

Un día las madres analfabetas e incultas deciden cortar con sus cuerpos la calle por la que sale el autobús de vuelta en su ruta diaria. Las madres analfabetas, incultas, pobres, deciden que si un solo niño o niña no tiene plaza, el autobús no saldrá del barrio. Las madres analfabetas, incultas, pobres y dignas, consiguen de esta manera un transporte para que sus hijas e hijos puedan aprender en el colegio.

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