Placeres

María González Reyes

Domingo 26 de octubre de 2014

Volver a leer un libro del que aprendiste muchas cosas y descubrir que vuelves a aprender. Saber reconocer el árbol del que te estás comiendo el fruto. Buscar un lugar donde hacer una vivienda colectiva. Asistir a una reunión que acaba a la hora prevista con todos los temas tratados. Llevar a un trueque cosas que ya no quieres y descubrir que le sirven a otra persona. Investigar cómo es un edificio justo después de una okupación. Participar en movilizaciones sociales masivas en las que se manifiesta que lo que nos une tiene más fuerza que lo que nos separa. Ver cómo amanece después de pasar la noche charlando sobre cómo arreglar el mundo y decidir ir a desayunar juntas. Pasear por un bosque y sentirte parte de él. Correr bajo la lluvia al volver a casa después de escuchar música en la calle. Gritar en una plaza, junto a miles de personas, “sí se puede”. Descubrir que los demás también están nerviosos antes de hacer una acción de desobediencia civil. Dividir un trozo de pastel pequeño en tantos pedazos como personas están reunidas. Ir sola a una manifestación y encontrarte con gente conocida. Leer un cuento en el que aparece un lobo que no tiene cara de malo ni pretende comerse a nadie. Conseguir consensuar posturas que parecían irreconciliables. Ver que alguien que participa poco propone una idea. Bailar por la noche con gente con la que habitualmente solo compartes reuniones. Entrar al bar donde un día casi nos tomamos algo y descubrir que estás dentro.

 

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