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Informe OMAL nº 11: "Las mujeres en la industria colombiana de las flores"

Erika González (OMAL, 2014)

Lunes 28 de julio de 2014

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  • Autora: Erika González
  • Con la colaboración de: Corporación Cactus, Marta González Reyes y Pablo Fonte
  • Diseño gráfico y Maquetación: Marra Servicios Publicitarios

En Colombia, en el interior de los invernaderos de flores y de las salas donde éstas se clasifican y preparan para su exportación, principalmente a Estados Unidos, se producen condiciones de explotación laboral y vulnerabilidad social.

Las plantaciones de flores responden a un modelo de agricultura industrial; se trata de un monocultivo que debe proporcionar la máxima producción y, para ello, se adquieren crecientes insumos de semillas, esquejes y agroquímicos (plaguicidas, fumigantes y fertilizantes) a grandes transnacionales como Syngenta o Bayer, que son quienes controlan su distribución (Sierra, 2003). Cuando se habla de la “industria de las flores” se alude a este modo de producción, aunque se desarrolle en un invernadero y no en una fábrica.

Se afirma que el trabajo en la floricultura permite a las mujeres, a través del empleo formal –ingresos salariales, propiedad de bienes, redes sociales–, incrementar su autoestima y adquirir mayor poder de negociación y autonomía frente a la dominación masculina en el hogar. Si bien este empoderamiento es un avance a tener en cuenta, el aporte de este tipo de industria a la igualdad entre hombres y mujeres también debe basarse en las condiciones laborales. Es necesario incluir en el balance entre lo positivo y lo negativo aspectos como: la precarización en los contratos de las mujeres; el peso del trabajo de cuidados que recae en ellas; el empleo precario y las repercusiones físicas y psicológicas que todo esto tiene. Precisamente, son estos factores los que se van a desarrollar en esta publicación y los que definen una parte importante de la caracterización de los impactos de la industria de las flores.

El contexto social y laboral de los trabajadores y trabajadoras genera una situación de vulnerabilidad y de mayor dificultad para la defensa de sus derechos fundamentales ante el Estado y ante las empresas. Una vulnerabilidad que se multiplica en el caso de las madres cabeza de familia. Frente a estas dificultades, tanto dentro como fuera de las empresas, también se reproducen procesos organizativos sindicales y sociales que enfrentan esta realidad, reivindican mejoras en sus condiciones laborales y se movilizan para defender los derechos de las trabajadoras. Cuestionan, en definitiva, el modelo agroexportador impuesto en su región y construyen colectivamente alternativas que permitan un trabajo y una vida dignas.

- Para leer el informe completo (PDF; 2,27 MB), pinchad sobre el siguiente icono:

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