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"Las empresas son responsables directas del feminicidio en Congo"

Lucía Villa

Sábado 20 de septiembre de 2014

Ponga el cronómetro. Espere cinco minutos y cuente hasta cuatro. Espere otros cinco minutos más y vuelva a contar. Después de media hora sumarán 24. Tras una hora serán ya 48 y así, sucesivamente... Este es, según el American Journal of Public Health, el ritmo al que miles de mujeres en República Democrática del Congo son violadas, torturadas y mutiladas por los grupos rebeldes desde que comenzara el conflicto en 1996.

Caddy Adzuba, periodista y activista congoleña de tan sólo 32 años, dedica su vida a denunciar las atrocidades que se cometen contra las mujeres en su país. Lo hace casi a tiempo completo: trabaja para Radio Okapi, la emisora de la ONU en Congo; es miembro de la Asociación de Mujeres de Medios de Comunicación (AFEM) y colabora en la reinserción de las víctimas con el colectivo AFIDEP. Sus últimas vacaciones las ha pasado en España, en una gira por diferentes ciudades para seguir reclamando la acción de la comunidad internacional y decir que "ya está bien", que es suficiente. Desde que comenzó en esto hace una década no hay quien la haga callar, aunque es consciente del riesgo que corre. En 2009 fue oficialmente amenazada de muerte en su país y reconoce que a veces se le quitan las ganas de seguir. "Yo también quiero vivir tranquila", dice con ojos abatidos desde la silenciosa sala de reuniones de un hotel madrileño. Pocos minutos antes de comenzar esta entrevista, Caddy ha recibido la noticia del asesinato de un colega y amigo.

El feminicidio en la República Democrática del Congo es, posiblemente, uno de los más graves del mundo. Estamos hablando de cuatro mujeres violadas cada cinco minutos, 400.000 al año, durante los 17 años que dura ya el conflicto... ¿Cómo se explica tanta impunidad?

Se explica porque hay grandes potencias detrás de esta violencia, grandes intereses detrás de las violaciones. En el plano internacional no hay interés por la situación y los medios no se interesan por esta cuestión. Por eso no se ha encontrado una solución sostenible al conflicto. Sin embargo, vemos conflictos que son también cruentos, pero que no tienen la amplitud del conflicto del Congo, y que sí aparecen en los medios cada día. Esta es la situación.

Habla de "grandes intereses". Todas estas atrocidades están ocurriendo en uno de los países con mayor riqueza natural del mundo: diamantes, piedras preciosas, coltán y otros minerales muy cotizados. Usted ha denunciado el papel de las multinacionales del norte en el conflicto congoleño. ¿Las considera responsables?

La relación que hay entre los intereses de las multinacionales y las violaciones sexuales es muy clara. Es posible que las multinacionales no sean conscientes del impacto de sus acciones en la población civil congoleña... o si lo saben, les da igual. Conciben a la población como insectos a los que pueden destruir sin pensar en las consecuencias. La cuestión es que tienen necesidad de estos minerales preciosos y para acceder a ellos financian a los grupos armados. Ellos compran los minerales a los rebeldes y con ese dinero, que ellos pagan, lo rebeldes continúan la guerra. Y si continúa la guerra, continúan las violaciones a las mujeres. Asi que, ¿quiénes son los responsables? Las multinacionales son tan responsables de la guerra como aquellos que perpetran la violencia, porque son ellos los que dan los medios. Sin medios los rebeldes no podrían tener las armas con las que hacen las cosas que hacen. Yo pienso que son las primeras responsables y creo que deberían parar ya porque es demasiado.

¿Y los Gobiernos de los países de donde provienen estas empresas, todos ellos grandes defensores de los derechos humanos?

Sabemos cómo se financian y de dónde vienen los fondos de muchos de los gobiernos. Muchas veces las multinacionales financian gobiernos. Detrás de la riqueza de muchos países está la riqueza de las multinacionales. Aunque estos países proclamen la defensa de los derechos humanos, a la vez están contribuyendo a su violación. Es pura apariencia. Por eso nosotros siempre les instamos a respetar los derechos recogidos en las convenciones. Los derechos humanos tienen que ser aplicados no solamente en terreno occidental, sino también en África. Y hay que dejar a los africanos vivir su vida, que se organicen como quieran.

Más que de violencia contra la mujer, para el caso del Congo usted habla de "genocidio"...

Es que es más que violencia sexual, porque el objetivo de estos actos de violencia es exterminar a una apte de la comunidad. Si pensamos en la definición jurídica de genocidio, se refiere al acto planificado y organizado de acabar con una comunidad o una población completa. Aunque no se sabe con certeza el número de mujeres que ha sufrido estos abusos, podemos decir que hay una planificación porque las cifras son absolutamente desorbitantes. La cuestión no es que sean violadas, sino que después de que esto ocurre quedan destruidas, se convierten en población inútil que no puede volver a su ocupación previa. Muchísimas de ellas han muerto a consecuencia de la violencia sexual. Entonces, ¿por qué no podemos hablar de genocidio contra las mujeres? A mí me parece que encaja con la definición de derecho internacional sobre genocidio. A nosotros nos gustaría que se hablara de feminicidio.

Después de tantos años de barbarie y atrocidades contra las mujeres sin que nadie haya hecho nada para ponerle remedio ¿La sociedad se resigna a algo con lo que tiene que convivir?

Voy a responder con otra pregunta para que podáis comprender. ¿Piensas que alguien se puede habituar a tener hambre?, ¿Crees que te puedes acostumbrar? La respuesta es ’no’, porque tu corazón no lo soporta. Además de todos los signos físicos externos que indican malnutrición, tu corazón no puede comprender que esto esté ocurriendo. Es lo mismo con la violencia sexual. Nadie se puede acostumbrar a esta situación. Cuando vas a un pueblo y escuchas que allí se han violado a tantas mujeres, piensas: "ha vuelto a ocurrir". Pero cuando ocurre en tu casa y son tus hijas y tu mujer las que han sido violadas, no lo soportas.

Se conoce la situación, se sabe que se están violando mujeres, pero cuando te ocurre a ti te vuelves loco, no lo aceptas, hay signos externos, traumatismos. Pienso que la población civil nunca se va a habituar a esto.

Y cuando la guerra acabe, ¿crees que la sociedad congoleña se podrá recuperar de algo así?

Hay esfuerzos que se están haciendo día a día para ayudar a las víctimas. Hay proyectos de asistencia psicológica y también proyectos que ponen el acento en la reinserción de las víctimas porque después de la violencia sexual muchas familias se dislocan. El padre está por un lado, los hijos por otro, la madre por otro... la cohesión y el núcleo familiar deja de existir. Así que además de la reparación física y mental, tenemos que llevar a cabo una reunificación familiar para estas familias que han sido separadas. Pero para llegar a esto es necesario que la guerra termine, tiene que producirse un espacio de paz para que esta reunificación tenga efecto. Para reconstruirnos como sociedad es necesario que la guerra acabe, necesitamos calma para trabajar. Necesitamos ayuda de la comunidad internacional para esto, pero nosotros como congoleños nos vamos a ocupar de la reparación y las consecuencias.


Ver en línea : Publico, 17 de junio de 2013


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