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Minando la posibilidad de vivir bien

Natalie Alem Z.

Martes 2 de septiembre de 2014

El inicio de este siglo marcó un nuevo rumbo para el país, donde bolivianos y bolivianas lucharon por defender y recuperar la soberanía estatal sobre los recursos naturales y los servicios públicos, para beneficio de toda la población. Sin embargo, todavía no se han logrado traducir las ideas teóricas en el nuevo paradigma de vivir bien para lograr modificaciones en los patrones productivos ni de consumo. Bolivia sigue siendo un país que depende fundamentalmente de la extracción de sus recursos naturales, y las políticas actuales siguen estando orientadas al crecimiento económico del país bajo costos sociales y ambientales muy altos.

En la década de los noventa Bolivia sufrió una serie de ajustes económicos, que le costaron la privatización de cinco compañías estratégicas [1] (petróleo, telecomunicaciones, líneas aéreas, electricidad y ferrocarriles), de esta manera se consolidó el modelo capitalista en el país.

A principios del siglo XXI organizaciones sociales, indígenas y la sociedad civil interpelaron el modelo de desarrollo capitalista. La Guerra del Agua en Cochabamba (2000) y la Guerra del Gas en La Paz (2003) marcaron un nuevo rumbo para el país, donde bolivianos y bolivianas lucharon por defender y recuperar la soberanía estatal sobre los recursos naturales y los servicios públicos, para beneficio de toda la población [2].

A partir de esta lucha, el nuevo gobierno de Evo Morales planteó un cambio de paradigma de desarrollo: el sumaqamaña o vivir bien. El vivir bien plantea el bienestar de todas las personas a partir de aspectos subjetivos y objetivos, construyendo una relación armónica ‘del ser humano con su comunidad y de ésta con su medio, a través de una relación mutuamente complementaria que excluye la posibilidad de bienestar de uno sin los otros’ [3].

Este paradigma, que no es nuevo para las comunidades indígenas (aymaras, quechuas, guaranís, etc.), se construyó a partir justamente del ideal indígena que plantea y recrea una relación armoniosa con la naturaleza, protegiendo la diversidad y la vida, y que tiene su base en la solidaridad y principios de redistribución [4].

Sin embargo, traducir las ideas teóricas plasmadas en el Plan Nacional de Desarrollo, en acciones concretas es uno de los grandes retos del vivir bien. Hasta la fecha no se han logrado modificaciones en los patrones productivos ni de consumo [5]. Bolivia sigue siendo un país que depende fundamentalmente de la extracción de sus recursos naturales (minerales, petróleo, gas), y las políticas ambientales actuales siguen estando orientadas al crecimiento económico del país.

Minando la posibilidad de vivir bien

Evo Morales en la Asamblea de la ONU el año 2009 planteó que ‘…los derechos de la Madre Tierra son más importantes inclusive que los propios derechos humanos, porque si el planeta se extinguiera por el irrespeto y el cambio de políticas irracionales de industrialización, la humanidad dejaría de existir’.

Dichas declaraciones sumadas a las conclusiones que se sacaron en Tiquipaya en la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los derechos de la Madre Tierra (CMPCC), que se llevó a cabo en abril del 2010, hicieron creer al pueblo boliviano que en el mandato del actual presidente se respetarían los derechos de la Pachamama o Madre Tierra.

El proyecto de Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra que surgió en la CMPCC, se convirtió en la Ley de Derechos de la Madre Tierra en Bolivia (Ley 071 del 21 Diciembre de 2010) concordante Ley Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral para Vivir Bien (15 de octubre de 2012). Los derechos de la Madre Tierra son siete; derecho a la vida, a la diversidad de la vida, al agua, al aire limpio, al equilibrio, a la restauración, a vivir libre de contaminación. Asimismo, hay seis principios obligatorios que son la armonía, el bien colectivo, la garantía de regeneración de la Madre Tierra, el respeto y defensa de los Derechos de la Madre Tierra, la no mercantilización, y la interculturalidad.

Bajo el paraguas de estas leyes, cualquier actividad llevada a cabo en el país debería ser armónica con el entorno y buscar el bienestar de toda la sociedad, incluyendo las diferentes formas de vivir de las diversas culturas que coexisten en un lugar específico, respetando siempre la no mercantilización de los sistemas de vida.

Algunos malos ejemplos de las decisiones que se ha tomado en la legislación presidida por Evo Morales, han tenido graves consecuencias para la población. Como es el caso de los pueblos afectados por el proyecto hidrometalúrgico de Corocoro, la empresa transnacional minera San Cristóbal, la exploración petrolera en el norte de La Paz y los proyectos de construcción de mega-represas sobre el Rio Madeira. A todo ello se suma la legalización de los transgénicos, contra el reclamo manifiesto de las organizaciones sociales y cediendo a las presiones de la multinacional Monsanto que controla el total de la producción y una parte de la exportación.

Otro ejemplo claro, y que por ser muy ilustrativo se lo describe a más detalle, es el proyecto de construcción de una carretera que atraviesa el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Secure (TIPNIS). El TIPNIS es una TCO (Tierra Comunitaria de Origen) y un área protegida al mismo tiempo. En él viven 64 comunidades indígenas moxeñas, yurakarés y chimanes. El TIPNIS está ubicado en un amplio rango altitudinal, que sumado con otros factores naturales (fisiografía, suelos, clima, etc.) se expresa en una gran diversidad de ecosistemas y especies de flora y fauna. Sin embargo, el gobierno del MAS impulsó el proyecto de construcción de una carretera que atraviesa el TIPNIS, sin consultar a las comunidades del área y sin realizar un adecuado estudio de impacto ambiental, requerido por Ley.

Las comunidades del TIPNIS se opusieron a la carretera y marcharon por más de dos meses hacia la sede del gobierno. Sin contar que fueron brutalmente reprimidos en medio camino, y que el responsable ex ministro de Evo Morales, Sacha Llorenti, es ahora embajador de Bolivia ante la ONU, el proyecto responde sobre todo a intereses petroleros (hay dos áreas en pleno TIPNIS concesionadas a YPFB y YPFB-Petroandina SAM) e intereses internacionales (articulados a los planes de desarrollo de infraestructura parte de la Iniciativa de Integración Regional Sudamericana: IIRSA).

Adicionalmente, el conflicto del TIPNIS destapó la pugna entre dos modelos de vida. El primero es el indígena, que tiene sus bases materiales en una economía étnica amazónica de las comunidades indígenas yuracares, chimanes y moxeño trinitarias, y que se desenvuelve en base a un eje, el uso, acceso y aprovechamiento de los bienes del bosque de forma colectiva. El segundo responde a una lógica de mercado, cuya base material es la producción de hoja de coca y que se desenvuelve en base al eje de uso, acceso y aprovechamiento de los bienes del bosque en forma individual, por familias andinas (quechuas y aymaras) que han colonizado la zona desde los años cincuenta [6].

En este conflicto, el gobierno de Evo Morales mostró que apuesta por un modelo primario exportador. Como decía el vicepresidente García-Linera [7]:

«Esta actitud conservacionista de derechas es contrarrevolucionaria, porque quiere impedir que los gobiernos revolucionarios puedan usar temporalmente el extractivismo, es decir, la extracción de gas, de petróleo, de minerales, preservando el medio ambiente, gastando lo que sea necesario, generando recursos que mejoren el nivel de vida, de educación, de salud de nuestra población. Eso permite que nuestros hermanos, en algún lugar de la Amazonia, ya no vivan como en el siglo XVI.»

Y en la práctica, se está sometiendo a las culturas que son minorías a un tipo de desarrollo consumista, cuyas bases se están agotando y se están contaminando los suelos, el agua, el aire, se están perdiendo bosques y la biodiversidad que existe en el país.

Comunidades que saben vivir bien

El gobierno de Evo Morales asentó su propuesta en el paradigma del vivir bien, inspirado en las comunidades indígenas del país. Sin embargo, como se ha visto antes, el mismo gobierno está yendo en contra de su misma propuesta. Además, y lo que es más riesgoso, es que está poniendo en peligro los sistemas de vida de las comunidades indígenas que sí saben vivir bien.

Las comunidades indígenas y campesinas del país tienen sistemas de vida sostenibles y eficientes, donde existe cohesión social y cultural, y donde el grado de diferenciación social interna es relativamente leve. Los mecanismos que tienen estas comunidades para lograr vivir bien es tener control sobre la tierra, el agua y los recursos, definiendo a través de normas claras el acceso, uso y herencia de la tierra y la imposibilidad de comercializar la tierra. Además las comunidades cuentan con tecnologías que son propias de sus comunidades, como el manejo de la biodiversidad, el manejo de los diversos pisos ecológicos (en el caso de las comunidades andinas) y la ingeniería social de la reciprocidad, todas ellas tecnologías orgánicas por oposición a las tecnologías mecanicistas propias de la expansión del sistema mercantil.

El gran reto está en vivir en un Estado Plurinacional, que está dentro de un mundo globalizado y capitalista, que presiona a las otras formas de desarrollo, las de minorías que sí viven en armonía entre ellos y con la naturaleza. Pero que al mismo tiempo está en crisis y que no tiene un mecanismo interno de equilibrio, de regulación o de estabilización.


Natalie Alem Z. forma parte del Centro de Comunicación y Desarrollo Andino (CENDA), en la ciudad de Cochabamba, Bolivia

- El presente artículo fue el ensayo final del curso online «Empresas transnacionales en la crisis global. Alternativas para un cambio de paradigma económico y socioambiental», impulsado por OMAL y que se desarrolló del 2 de junio al 4 de julio para alumnado de Bolivia, El Salvador, Colombia y Perú.


Notas

[1RELEA, Francesc (2003): ‘De la guerra del agua a la del gas’. El País, 19/10/03

[2CHACON, C. (2007): ‘Nueva Constitución Política del Estado y Estatuto Autonómico: La gestión de los recursos naturales’. LIDEMA. La Paz, Bolivia

[3Ibídem

[4PRADA, Raúl (2011): ‘El vivir bien como modelo de Estado y modelo económico’. En Más allá del desarrollo. Grupo Permanente de Trabajo sobre Alternativas al Desarrollo. Fundación Rosa Luxemburg/Abya Yala. Quito, Ecuador

[5CHACON, C. (2007): ‘Nueva Constitución Política del Estado y Estatuto Autonómico: La gestión de los recursos naturales’. LIDEMA. La Paz, Bolivia

[6PAZ, Sarela (2012): ‘La marcha indígena del “TIPNIS” en Bolivia y su relación con los modelos extractivos de América del Sur’

[7ARCHONDO, Rafael (2014): ‘Dos enemigos íntimos, en un diálogo virtual’. En Página Siete, 26/08/2014


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