Muros

María González Reyes y Virginia Pedrero

Domingo 27 de julio de 2014

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Nunca nadie pensó que la barriada tenía tantos muros hasta que un día aparecieron todos pintados de blanco. Unos (los más abundantes) servían para separar unas casas de otras, pero los había también para impedir que los balones se escaparan del campo de fútbol, para limitar el espacio de la escuela o para indicar la entrada al centro comunitario. El más alto, el que les impedía ver el resto de la ciudad, fue el primero en llenarse de historias.

Desde entonces los muros hablan de lo que ocurre allí, de la droga que destroza sueños y de cómo un grupo de madres, tenaces, va recogiendo los añicos para reconstruirlos. Del olor que desprenden los márgenes de la exclusión social y de cómo hacer que el viento se lo lleve y traiga fragancias nuevas. De los libros que aparecieron cargados de palabras que les ayudaron a comprender por qué sus vidas eran tan duras como piedras de río, y a buscar maneras para cambiarlas.

Ali escogió un trozo de muro y escribió: "También de este lado hay sueños".


Texto: María González Reyes / Ilustración: Virginia Pedrero.

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