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Alrededor de las brasas

María González Reyes y Virginia Pedrero

Domingo 19 de octubre de 2014

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Sentadas alrededor de las brasas desprendiendo calor, las mujeres contaban historias.

Aunque todas escuchaban con interés, las mejores se dejaban para el final, cuando la noche obliga a juntarse más para no dejar entrar al frío. Y aunque siempre estaban atentas ante las voces que narraban, cuando las más viejas tomaban la palabra los ojos apenas pestañeaban y se apretaban más los brazos de unas con las manos de las otras.

La noche que yo estuve allí, Doña Cuca comenzó a contar la historia del centro comunitario.

Primero, entre algunas mujeres del barrio, había surgido la idea de hacer un comedor popular. Cuando estaban en su casa sin nada para cocinar la angustia se les subía a la garganta y allí, juntas, con un poco de aquí y otro de acá, algo conseguían para que comieran los chicos. Los suyos y los de otras. Y si no comían siempre había una mano, una palabra, un abrazo. Cuatro palos y un pequeño techo de chapa. Eso era todo.

También contó cómo, después, comenzaron a construir el centro comunitario para el barrio, la emoción de los primeros momentos, la convicción de que de la nada construirían algo gracias al esfuerzo colectivo, la lucha en la calle para conseguir dinero para los materiales, los cientos de manos que lo fueron levantando y la solidaridad verdadera, que es aquella que aparece en quienes dan antes para lo común que para sí mismos.

No fue fácil. Hubo cortes de carreteras que duraban horas, días, semanas. Participaban todas. Participaban todos. Incluso las niñas y niños, porque ahí ser pequeña no es sinónimo de no contar en las actividades importantes de la comunidad. Niños y niñas que, cuando tienen que decidir algo relevante, se sientan en círculo para hablar.

No fue fácil. Enfatiza doña Cuca. Tenían que saltar por encima del miedo paralizante. El miedo que da la represión en forma de palos y gases. Y ese otro miedo, todavía más atroz, el que impide a las personas atreverse a imaginarse de otro modo. La pobreza no se alivia con lo que les sobra a algunos, dice, sino construyendo en horizontal procesos que empoderan a las personas.

Y ahí sigue el centro, grande, combativo, vivo, digno, en medio de un barrio lleno de aceras con baches donde se destrozan demasiados sueños y algunas vidas.


Texto: María González Reyes / Ilustración: Virginia Pedrero.


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