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Relaciones entre empresas y ONGD: ¿colaboración, diálogo, confrontación?

Pedro Ramiro (Pueblos, nº 59, noviembre 2013)

Lunes 13 de enero de 2014

El modelo triangular de alianzas entre agentes que se propone como fundamento del capitalismo inclusivo se justifica a partir de una lógica win-win, una relación mutuamente beneficiosa con la que, teóricamente, van a salir ganando todos los actores implicados. Según esta idea, tanto las empresas como las instituciones gubernamentales y las organizaciones de la sociedad civil se verán favorecidas por las colaboraciones público-privadas. Pero, en el caso concreto de las ONGD, ¿qué potencialidades y, sobre todo, qué riesgos puede tener el establecimiento de alianzas con las grandes corporaciones? ¿Qué posición están tomando las ONGD respecto a sus relaciones con el sector privado? ¿Colaboración, diálogo o confrontación?

Parece claro que, dentro de la lógica win-win quienes más tienen que ganar son las grandes corporaciones. Éstas pueden aprovechar sus relaciones con gobiernos y ONGD para extender sus actividades a nuevos nichos de negocio y expandirse al gran mercado potencial que representan los millones de personas pobres que no forman parte de la “clase consumidora global”. En este contexto, el sector privado está interesado en buscar la colaboración permanente con los otros dos vértices del triángulo del capitalismo inclusivo para, de esta manera, “beneficiarse de la intervención pública para tener acceso a según qué mercados y poder generar un diálogo más fluido con los gobiernos receptores y las comunidades locales”. [1]

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¿Qué ganan con estas alianzas empresas y ONGD?

Las grandes corporaciones necesitan contar con las ONGD y otras organizaciones de la sociedad civil para implementar el esquema del capitalismo inclusivo. Para aumentar su grado de legitimación social, especialmente en los países del Sur global, para de este modo desactivar los conflictos provocados por sus actividades y neutralizar a los movimientos sociales críticos. Los proyectos de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), negocios inclusivos y alianzas público-privadas cumplen, entonces, la doble función de abrir nuevos mercados y, a la vez, atravesar y dividir a las organizaciones sociales y a las comunidades locales que denuncian los efectos de sus operaciones. Ha llegado a darse la situación, incluso, de grandes corporaciones que no han encontrado organizaciones con quienes asociarse y han optado por fundar sus propias ONG. Por citar dos casos a modo de ejemplo: la petrolera Oxy creó hace unos años la Fundación Alcaraván en Arauca, Colombia; mientras la minera Goldcorp puso en marcha la Fundación Sierra Madre en San Marcos, Guatemala, contando además para ello con la financiación del Banco Mundial a través de la Corporación Financiera Internacional.

Otro de los factores de peso que motiva el interés del sector privado en aliarse con estas organizaciones es el de aprovechar el conocimiento que tienen las ONGD sobre el terreno. “Uno de los rasgos característicos de los modelos de negocio en la base de la pirámide son las alianzas con diversos agentes (ONG, emprendedores locales, administraciones, etc.), que permiten a las empresas obtener conocimiento sobre los hábitos, costumbres y necesidades de esta población y el acceso a las mismas”, afirman desde el Laboratorio Base de la Pirámide [2]. El saber acumulado por las organizaciones sociales y de desarrollo resulta de gran utilidad para las empresas porque les posibilita una rápida adaptación al entorno local y una fácil amortización a corto plazo de la inversión inicial.

Con este fomento de los emprendedores sociales, además de contribuir a la desvalorización de la fuerza de trabajo y al empeoramiento de las condiciones laborales, las grandes corporaciones abren también una vía para “ofrecer modelos de bajo coste, fuertes redes sociales y un mejor conocimiento y comprensión de los potenciales clientes y usuarios” [3]. La directora de Ashoka en España lo expresa aún más claramente, refiriéndose a los negocios en la base de la pirámide: “La oportunidad de mercado para esas empresas es brutal, y ellas lo saben. Pero las desconocen y no saben cómo acceder a ellas. Los emprendedores sociales trabajan con esas poblaciones y su labor es acercar a la multinacional hasta ellas, mientras salvaguardan los intereses de éstas” [4].

Como contrapartida, las ONGD y organizaciones sociales que apuesten por la constitución de alianzas públicoprivadas como las descritas podrían obtener a cambio ciertos recursos y fuentes de financiación privadas. Acuciadas por la falta de financiación y por la pérdida de influencia política y reconocimiento social, muchas ONGD han decidido seguir esta línea, apostando por establecer colaboraciones permanentes con el sector privado para garantizar su propia supervivencia.

No obstante, los riesgos que asumen las ONGD y organizaciones que optan por emprender alianzas estratégicas de este tipo son notables, porque resulta difícil que, en estos casos, puedan hacerse compatibles la defensa de lógicas emancipatorias y la colaboración con las mismas empresas que imposibilitan su consecución.

Relación ONGD-empresas: ¿Colaboración, diálogo o confrontación?

En realidad, las formas de interacción de las organizaciones de la sociedad civil con el sector privado han ido sufriendo una evolución paralela al avance de la propia RSC. De hecho, las ONGD, los sindicatos y las universidades han sido consideradas, desde un inicio, parte esencial de la sociedad civil como grupos de interés fundamentales para posibilitar la puesta en práctica del paradigma de la empresa responsable. Del mismo modo que las transnacionales han dejado de concebir la RSC como un mero instrumento de comunicación y marketing para incorporarlo en el centro del negocio, las relaciones de estas compañías con las ONGD han evolucionado hacia las iniciativas de negocios inclusivos, innovación, emprendedores sociales y alianzas público-privadas.

Al igual que ha ocurrido con la agenda oficial de la cooperación, la llegada de la crisis financiera y de los recortes de los presupuestos públicos para la cooperación no han hecho sino reforzar esta tendencia. No obstante, existen importantes diferencias en el posicionamiento que tienen estas organizaciones en cuanto a cómo establecer sus relaciones con las grandes corporaciones. En ese sentido, a las ONGD se les plantea la disyuntiva de elegir entre apostar por la asociación con el sector privado como motor de crecimiento económico para luchar contra la pobreza, o promover la construcción de otros modelos de desarrollo alternativos al sistema socioeconómico imperante.

Según nuestro criterio, las relaciones entre el sector privado y las ONGD se pueden clasificar en tres bloques: colaboración, diálogo y confrontación. Cada una de estas posibilidades de interacción se basa en distintos mecanismos de actuación; en cada uno de los casos se contemplan diversos riesgos para las ONGD.

En primer lugar, con respecto a la colaboración entre las ONGD y el sector privado empresarial, hay que señalar que las relaciones entre las grandes compañías privadas y las organizaciones de desarrollo vienen existiendo desde hace más de una década. Así, estas relaciones han sufrido una notable evolución desde que, en los años noventa, las grandes empresas comenzaran a asociarse con las ONGD para rentabilizar (a través de campañas publicitarias y fórmulas de patrocinio basadas principalmente en el “marketing solidario”) las oportunidades que se presentaban en el “mercado de la solidaridad” hasta hoy, en que el abanico de vías de colaboración se ha ampliado a las campañas conjuntas de cofinanciación, la creación de fundaciones y productos financieros, las certificaciones y avales a códigos de conducta, las iniciativas de acción social y de voluntariado corporativo.

Con todas estas iniciativas se contribuye a que, al final, vaya transmitiéndose la idea de que no resulta necesario participar activamente en organizaciones sociales para comba tir las causas estructurales de la pobreza, puesto que serán las políticas del sector privado las que actuarán de motor de desarrollo y lucha contra la pobreza. De esta manera, se le quita el significado político al concepto de responsabilidad, despojándolo de la idea de cambio social y de conflicto, convirtiendo en grupos de interés a los diferentes actores sociales. Además, se contribuye a desviar la solidaridad hacia ámbitos que no son conflictivos con las multinacionales, se neutraliza la presión que las ONG puedan desarrollar a favor de la exigibilidad jurídica de responsabilidades y se bloquean las reivindicaciones sociales a través de la dependencia de la financiación de proyectos [5].

La visión que predomina en el vértice más débil del triángulo del capitalismo inclusivo, el que constituyen las ONGD, es la que apenas cuestiona la centralidad de las empresas transnacionales como eje fundamental de la actividad económica, aceptando como inevitable el hecho de que éstas sean tenidas en cuenta como agente de desarrollo. Como afirma Gómez Gil, “en las sociedades capitalistas, las ONG han ido asumiendo los principios de las empresas, su sistema organizativo y hasta su lenguaje expresivo como una parte más del universo relacional que mantienen” [6]. De este modo, un número significativo de ONGD [7] no orienta su trabajo hacia el cuestionamiento radical de los impactos del modelo de desarrollo sino que, se encamina en la línea de fortalecer las alianzas con el sector privado, cuya responsabilidad en el origen y el avance de la crisis civilizatoria que hoy vivimos resulta incuestionable. Sin embargo, la coherencia entre los fines y los medios, entre la misión, la visión y los valores, que en buena medida han presidido las actividades de las ONGD, quedan en entredicho cuando se establecen alianzas con grandes empresas que, de una u otra manera, han adquirido una corresponsabilidad en las violaciones de los derechos económicos, sociales, ambientales y culturales en los países en los que operan.

En segundo término, en una tensión constante entre confrontación y colaboración, otras ONGD, por su parte, han apostado por establecer procesos de diálogo con las grandes corporaciones con objeto de influir en sus prácticas sobre el terreno y producir cambios en el comportamiento empresarial, a partir de una combinación de incidencia política, crítica en público y sensibilización empresarial [8]. En todo caso, más allá de que puedan existir casos positivos de este tipo de relación que hayan podido servir para cambiar algunas malas prácticas empresariales, desde una perspectiva a medio y largo plazo se constata que el diálogo puede convertirse, al final, en un elemento de cooptación y desmovilización de las organizaciones sociales.

En tercer lugar se encuentran las ONGD que, a partir de las investigaciones y estudios realizados en los últimos años, basan su trabajo en la confrontación con las empresas transnacionales, cuestionando sus impactos sociales, ambientales y culturales tanto en los países del Sur como en los del Norte global [9].

A medio plazo, ¿qué quieren ser las ONGD?

Si se quiere ejercer la práctica de la cooperación desde el principio de la solidaridad y en línea con los horizontes emancipadores imprescindibles para la superación de la crisis civilizatoria actual, debería darse no sólo una reflexión crítica en cuanto a todos los elementos que componen la agenda de cooperación, sino también una reflexión autocrítica acerca de los valores y la visión que habrán de tener las ONGD, como agentes fundamentales de la cooperación, para los años venideros.

Ante los cambios estructurales en la agenda la cooperación al desarrollo y en medio de un colapso socioeconómico global que se agrava por momentos, ¿qué quieren ser las ONGD? ¿Qué relación quieren mantener con los movimientos sociales emancipadores? Las respuestas a estas preguntas van a marcar los próximos tiempos en un sector en el que, como en otros ámbitos de nuestras sociedades, las grandes corporaciones cumplen un rol fundamental en el avance de los procesos de mercantilización y privatización de los servicios públicos y los bienes comunes. Que sea definitivo y lo hayan hecho para quedarse, dependerá de cómo se responda desde las organizaciones y los movimientos sociales emancipadores al respecto.


Pedro Ramiro es coordinador del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL)Paz con Dignidad.

- Artículo publicado en el número 59 de Pueblos – Revista de Información y Debate, especial cooperación, noviembre de 2013.


Ver en línea : Pueblos, nº 59, noviembre 2013.


Notas

[1Casado, F. (2007): Alianzas público-privadas para el desarrollo, DT nº 9, Fundación Carolina – CeALCI, p. 67.

[2Centro de Alianzas para el Desarrollo (2011): “InfoCAD”, Digital mag on-line, nº 1, p. 42.

[3Eso afirma Bill Drayton (Corresponsables, nº 26, 2011, p. 20), fundador de Ashoka y premio Príncipe de Asturias a la Cooperación Internacional en 2011.

[4Romero, M. y Ramiro, P. (2012): Pobreza 2.0. Empresas, estados y ONGD ante la privatización de la cooperación al desarrollo, Icaria, Barcelona, p. 44.

[5Hernández, J. y Ramiro, P. (eds.), El negocio de la responsabilidad, Icaria, Barcelona, p. 239.

[6Gómez Gil, C. (2005): Las ONG en España. De la apariencia a la realidad, Libros de la Catarata, Madrid, p. 112.

[7Como ejemplos encontramos a organizaciones como Acción Contra el Hambre, Aldeas Infantiles, Alianza por la Solidaridad, Ayuda en Acción, Cáritas, Cruz Roja, CODESPA, Ecología y Desarrollo, Entreculturas, Médicos del Mundo, ONGAWA, Plan Internacional y Save the Children, entre otras.

[8En este sentido, uno de los ejemplos más documentados ha sido el proceso de diálogo entre Repsol e Intermón Oxfam; véase: Arenas, D. et al. (2011): Relaciones empresariales con comunidades locales y ONG. Segunda parte, Instituto de Innovación Social, ESADE.

[9Al respecto pueden verse, por ejemplo, los trabajos de observatorios y centros de investigación como el Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL), Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG), ATTAC y Hegoa; ONGD como Paz con Dignidad, Ingeniería sin Fronteras, Veterinarios sin Fronteras o Entrepueblos; campañas y plataformas como ¿Quién debe a quién?, Ropa Limpia o la Red Birregional Enlazando Alternativas.


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