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La marca España y los relatos de la crisis

Pedro Ramiro (Diagonal, nº 209, noviembre 2013)

Jueves 28 de noviembre de 2013


“A España le está llegando dinero para todo”, ha afirmado Emilio Botín. / Foto: David Fernández.

“España tiene atractivo, se ha convertido en un mundo de oportunidades”. Lo ha dicho el consejero delegado de FCC a raíz de la adquisición del 6% de las acciones de esta empresa por parte de Bill Gates. Así, la especulación financiera del hombre más rico del mundo se transforma en un argumento para promocionar la idea de que “los inversores están comenzando a volver” y, en palabras del ejecutivo de la constructora española, “representa una confirmación de la recuperación de la economía tanto a nivel de país como de empresa”. Algo parecido decía el presidente del Santander hace unas semanas en Nueva York: “Es un momento fantástico porque a España le está llegando dinero para todo”, afirmaba Emilio Botín ante un grupo de periodistas a los que el banco había pagado el viaje.

En la marca España, el proyecto estrella de la política exterior del gobierno español, tienen cabida la selección de fútbol, el flamenco, el turismo de sol y playa, las tapas y, al mismo tiempo, la competitividad, la innovación, los emprendedores, la inversión extranjera directa y las empresas transnacionales. Estas últimas son, precisamente, las protagonistas de un relato que trata de mezclar toda la parafernalia del “orgullo de ser español” con una doctrina económica basada en el crecimiento y en la expansión de las grandes corporaciones como ejes centrales para “salir de la crisis”. Para las instituciones que nos gobiernan, no hay duda de cuáles son los puntales sobre los que ha de sustentarse la “recuperación”: el crecimiento económico, la inversión extranjera –atrayendo capitales con el modelo Eurovegas como estan­darte– y la ampliación de mercados, todos ellos al servicio de los intereses de las compañías multinacionales españolas y enmarcados en la lógica del business as usual.

Las élites empresariales están haciendo un esfuerzo para tratar de cambiar la percepción social de esa gran parte de la población que pensamos que “no somos mercancía en manos de políticos y banqueros”. Pero estas proclamas ya apenas encuentran aceptación en una mayoría ciudadana que ve cómo día tras día se suceden las noticias sobre casos de corrupción, evasión de impuestos, brecha salarial, despidos masivos y privatizaciones.

“Somos un país que comunica muy mal y estamos en pañales. Queremos tener a nuestro lado a personas que, ocupando posiciones en universidades, empresas, instituciones, cojan la pluma y cuenten la verdad allá donde estén”, afirma el Alto Comisionado para la Marca España. Y el caso es que, siguiendo su consigna y dándole la vuelta, eso es justamente lo que están haciendo a diario las miles de personas que, tanto en las redes sociales como en las calles y plazas, no dejan de expresar su indignación con todo lo que representa la marca España. La corrupción, las “puertas giratorias”, la monarquía, las entidades financieras, la troika y la clase político-empresarial que nos gobierna han pasado a convertirse, de este modo, en los actores principales de un relato alternativo que se extiende cada vez más y que los identifica como los causantes y, a la vez, como los únicos beneficiarios de la crisis-estafa en que nos encontramos.

Sabemos que, hoy, la marca España realmente existente es la que hunde sus raíces en las causas estructurales del aumento de las desigualdades y la pobreza tanto en el Estado español como en los países periféricos donde operan “nuestras empresas”; la que apuesta por la represión y criminalización de las protestas que confrontan “la dictadura de los mercados”; la que se enfrenta a las mayorías sociales afectadas por los desahucios, por la privatización de la sanidad y la educación, por las reformas laborales y de las pensiones, por los impactos socioecológicos de las multinacionales en todo el planeta.


Pedro Ramiro, investigador del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) - Paz con Dignidad.


Ver en línea : Diagonal, nº 209, 7-20 de noviembre de 2013.


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