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Cuentas de resultados y cuentos de pobreza

Ane Garay (Diagonal, nº 209, noviembre 2013)

Sábado 23 de noviembre de 2013

Se expande el marketing solidario al tiempo que las transnacionales aumentan sus beneficios.

“Érase una vez un proyecto que quería cambiar la situación de pobreza de muchos niños y niñas de nuestro país”. El proyecto era de un banco, uno de los mayores del país, que ganaba cientos de millones de euros cada año y cuyo presidente, sólo él, cobró más de dos millones en uno de los peores momentos de la crisis. Justo cuando muchas, muchas personas a su alrededor, eran empobrecidas y despojadas de sus derechos. Esta entidad financiera había dejado a familias en la calle, sin vivienda, algunas de ellas con niños y niñas. Prestaba dinero a empresas que fabricaban armas y era uno de los dueños de una gran compañía petrolera, a la que las comunidades de los lugares en los que operaba habían denunciado por ocupar y contaminar sus territorios y dañar su salud. A pesar de todo, el banco decía querer ayudar a las chicas y chicos que lo estaban pasando mal.

Desafortunadamente, este relato no es un cuento. “Cuenta conmigo contra la pobreza” es un proyecto impulsado en la actualidad por la Obra Social La Caixa, en colaboración con una conocida ONG internacional, que busca la captación de donativos para financiar la cobertura de las necesidades básicas de niños y niñas “en situación de vulnerabilidad”. Así, La Caixa nos ofrece la oportunidad de ser solidarios a través de donaciones individuales o de las redes sociales, y cada vez que alguien deja un donativo puede, de paso, hacerse cliente de la entidad. Eso sí, en esta campaña las historias que no aparecen son las de los menores que se han quedado sin una vivienda a la que volver después de la escuela porque este mismo banco ha desahuciado a sus familias. O las de los que volverán a pasar frío en sus aulas este invierno porque el recorte en los presupuestos de sus centros escolares los ha dejado sin calefacción.

Es un ejemplo, entre tantos, de cómo una gran empresa puede sacar partido a la cascada de reformas neoliberales al tiempo que apela a la compasión de la ciudadanía para parchear situaciones humanas críticas. Todo ello sirviéndose de “marketing solidario” de cuidado diseño, con las que trata de lavar su imagen en unos tiempos en los que la hostilidad hacia los bancos y otras corporaciones crece como la espuma.

Y es que las multinacionales españolas están haciendo negocios redondos en época de crisis. Un día sí y otro también, podemos ver en los titulares de los grandes medios de comunicación, destacados frente a la crónica del empobrecimiento de las mayorías, las extraordinarias ganancias de unas cuantas corporaciones transnacionales. En el primer semestre de 2013 el BBVA duplicó su cuenta de resultados respecto al año anterior; Emilio Botín presumía en julio pasado de que el Banco Santander se prepara “para una nueva etapa de crecimiento del beneficio”. Y otras grandes multinacionales, como las energéticas, también prosperan: Repsol ganó 1.054 millones de euros en los seis primeros meses de este año (2,6% más que en 2012); Iberdrola ganó casi diez millones de euros al día en el mismo período.

Muchos de esos beneficios provienen del negocio internacional de estas empresas, especialmente de América Latina. La “diplomacia económica”. El apoyo sin cortapisas de las instituciones públicas a las multinacionales en el exterior, da sus frutos. Pero la profundización del modelo neoliberal en el Estado español también ayuda. Cada vez estamos más cerca de un modelo privado de pensiones, y la reforma laboral ya permite contratar y despedir más barato, reducir las jornadas, y prorrogar los contratos de formación a jóvenes hasta los 30 años. La educación y la sanidad públicas sufren un deterioro premeditado a favor de lo privado, y las ayudas sociales desaparecen progresivamente y están cada vez más vinculadas a las políticas de empleo. Así es como las medidas demandadas por la CEOE y otros lobbies empresariales para ampliar sus márgenes de ganancia están consiguiendo institucionalizar la precariedad y empobrecer a enormes sectores de la población, especialmente mujeres, pensionistas y jóvenes.

En medio de este mar de recortes de derechos sociales las grandes corporaciones desarrollan sus campañas de “marketing con causa”, con el ánimo de aplacar la rabia de la población, reblandecer corazones y desviar la atención. De esta manera, las empresas transnacionales se presentan como parte de la solución y no del problema, pretendiendo minar nuestra subjetividad política, nuestra identidad de ciudadanos y ciudadanas que reclaman y ejercen sus derechos, convirtiéndonos en meros consumidores de solidaridad low cost. Que no cuenten con nosotras.


Ane Garay es investigadora del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) - Paz con Dignidad.


Ver en línea : Diagonal, nº 209, 7-20 noviembre de 2013.


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