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“La única salida viable, sensata y justa a la crisis actual pasa por ajustarse a los límites del planeta”

Entrevista de Pedro Ramiro (OMAL) a Paco Segura, coordinador estatal de Ecologistas en Acción (Pueblos, nº 58, octubre de 2013)

Miércoles 23 de octubre de 2013

Militante del movimiento ecologista desde que en los años ochenta estudiaba Biología en la universidad y miembro de Ecologistas en Acción desde que en 1998 se produjo la unificación de los más de 300 grupos que trabajan por la defensa del medio ambiente por todo el Estado español, Paco Segura es hoy uno de los coordinadores estatales de la confederación ecologista. Con la crisis sistémica como telón de fondo, en esta entrevista hacemos un recorrido por la situación actual del ecologismo social y analizamos sus estrategias, líneas de trabajo y perspectivas de futuro.

“Los problemas medioambientales tienen su origen en un modelo de producción y consumo cada vez más globalizado, del que derivan también otros problemas sociales, y que hay que transformar si se quiere evitar la crisis ecológica”. Ya desde la presentación general que puede encontrarse en su web, queda claro que Ecologistas en Acción no concibe el trabajo por la protección y conservación del medio ambiente si no es en el marco de una crítica de raíz al sistema socioeconómico en que vivimos. Así se entiende que una de las recientes campañas de esta organización sea la que tiene como lema “ecologismo o crisis”.

Dice el manifiesto de esta campaña que “estamos en un momento histórico radicalmente distinto a todos los precedentes”. En este contexto, ¿es posible salir de la crisis sin una perspectiva ecologista?

Las crisis son consustanciales al sistema capitalista: son periódicas, cíclicas, tienen que ver con las dinámicas de acumulación que imperan en el capitalismo. ¿Cuál es la diferencia de esta crisis con las otras? Aparte de su magnitud, lo fundamental es que se produce en un mundo que ya está saturado. Por eso, no puede recurrirse a la salida que se ha utilizado en otras crisis, la de forzar nuevamente la máquina, dando un salto hacia delante que siempre ha supuesto más consumo de materiales y de energía, más producción de residuos y de emisiones.

Esa es la receta que se ha ido aplicando una y otra vez. Pero ahora mismo somos 7.000 millones de habitantes en el planeta, con un reparto tremendamente desigual de la riqueza y, sobre todo, con una parte de la población mundial, quienes vivimos en los países más enriquecidos, que tenemos una tasa de consumo de materiales brutal: se calcula que, en el Estado español, cada persona emplea anualmente una media de 20 toneladas de materiales. Eso no es generalizable ni tiene sentido, lo sensato sería justo lo contrario: reducir y ajustarnos a los límites. Porque la otra “salida” difícilmente será viable, sólo podrá funcionar a corto plazo y a base de un control social y militar muy fuerte.

En este marco surge la campaña “ecologismo o crisis”, a partir de la idea de que la única salida viable, sensata y justa a la crisis actual pasa precisamente por ajustarse a los límites del planeta. A la vez, planteamos la necesidad de que el reparto sea mucho más justo de lo que lo es en estos momentos. Todo ello desde la perspectiva del ecologismo social.

Desde ese punto de vista, ¿qué le dirías a quienes siguen pensando que los ecologistas sólo miran por las flores y las ballenas?

Esa imagen tópica del ecologismo, la de que únicamente nos preocupamos por las plantas y los animales, cada vez está menos extendida. Por poner sólo un ejemplo: mientras hacemos esta entrevista estamos en la semana europea de la movilidad, y nuestro mensaje es que hay que reducir el número de coches en las ciudades para, sencillamente, tener una mejor calidad de vida; para tener más salud, menos ruido, mejor calidad del aire, que los niños y niñas puedan jugar en las calles sin que los atropellen.

En el marco de la crisis que estamos sufriendo, queda más patente que nunca que no puede desvincularse una cosa de la otra. Está siendo tal la rapiña del sistema capitalista existente, que abarca todos y cada uno de los ámbitos de nuestras vidas. Hay planes para privatizar algo tan básico como el agua, un recurso que debería estar accesible para todo el mundo, y pasa lo mismo con los espacios naturales, servicios públicos como la sanidad y la educación, los bienes comunes… Podríamos decir que se trata de mercantilizar todo, de obtener beneficios de cualquier lado, apropiándose de lo que debería ser de toda la sociedad.

El discurso del ecologismo social se entronca así con el del 15-M y con los de todos los movimientos de mareas ciudadanas que existen en la actualidad, coincidiendo en que necesitamos desenmascarar este sistema político y económico que lo que único que hace es robarnos lo público y lo común para sacar beneficio.

¿Qué papel juega Ecologistas en Acción en estas movilizaciones?

En algunos de estos ámbitos, Ecologistas en Acción ha tenido incluso un papel de cierto liderazgo. Por ejemplo, en el caso de Marea Ciudadana, sencillamente porque asumimos el rol de dinamizar y animar a la participación. De alguna forma, el hecho de que seamos una organización coherente, independiente, que trabaja asuntos de unos espectros y otros, nos ha hecho ser vistos como un ente fiable, sin interés en protagonismos.

Nuestra apuesta siempre ha sido la de estar con los movimientos sociales y los grupos de base, apoyándolos y potenciándolos. Trabajar temas muy diferentes, servir como vínculo entre la crisis social y la crisis ambiental, estar atentos a las reivindicaciones y demandas de la sociedad, mantener alianzas con otros movimientos sociales… Todo ello ha hecho que se nos considere como un grupo muy válido para dinamizar, resolver y mediar en conflictos, etc. Otras organizaciones ecologistas a nivel estatal no participan tanto en muchas de estas movilizaciones; nosotros, tratando de no desatender las preocupaciones clásicas del ecologismo, sí le ponemos mucho esfuerzo e ilusión a la participación en esos espacios.

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En los dos últimos años y medio se ha producido un notable aumento de la movilización ciudadana, ¿cómo lo analizáis? ¿Ha repercutido eso en un incremento de la militancia ecologista?

Hay un antes y un después del 15 de mayo de 2011, eso está claro. Nos las estaban dando todas en el mismo lado, y aún nos las siguen dando, pero al menos ha habido un gran aumento en la conciencia de la gente. Y en eso fue determinante el 15-M. Desde entonces se ha producido un incremento enorme de la movilización, de las reivindicaciones, de los ámbitos de participación en los barrios, pero eso no se ha traducido necesariamente en un crecimiento de la militancia en Ecologistas. Eso sí, hay mucha más contestación, un mayor nivel de denuncia pública de muchas cuestiones. Sin duda muy positivo, aunque la correlación de fuerzas sigue siendo pésima.

Han surgido también otros movimientos muy interesantes como las mareas, que no hubieran sido posibles sin un 15-M previo: a partir del aumento de la movilización que se produjo hace dos años la gente se animó a hacer ese tipo de reivindicaciones, a salir a la calle, a vincular esas demandas sectoriales que antes eran más propias del sindicalismo con los derechos ciudadanos (derecho a la educación, a la sanidad, a los servicios públicos). En muchos ámbitos, ahora mismo la contestación social no las están haciendo los sindicatos, la están haciendo las mareas. En Madrid, por ejemplo, la marea blanca está poniendo en un brete a una de las avanzadillas más importantes del ataque neoliberal a las políticas públicas, la privatización de la sanidad, hoy parada gracias a los recursos judiciales, un montón de movilizaciones y un nivel de lucha impresionante.

Uno de los puntos diferenciales de las mareas frente a los sindicatos es que buscan la complicidad de toda la ciudadanía: siguiendo con el caso de la marea blanca, no se trata de defender el puesto de trabajo sino el trabajo digno, para así defender el derecho ciudadano a la salud. Además, están surgiendo otros movimientos interesantes, que no sabemos en qué derivarán, de confluencias políticas, más o menos “desde abajo”, y muchos nuevos agentes que están haciendo que esto se tambalee y que al menos haya expectativas de cambio.

Hablando de los procesos de confluencia y unidad que se están dando en la actualidad, ¿crees que la experiencia de Ecologistas en Acción en estos quince años podría ser un modelo a seguir?

Ecologistas en Acción es una confederación de colectivos muy diversos, con planteamientos distintos dentro de su diversidad, con un conjunto de principios básicos que son compartidos por todo el mundo, que se debaten abiertamente, que se acuerdan y que no son inamovibles. Ese esquema, el de juntar un acuerdo básico en los principios fundamentales con una buena dosis de mano izquierda en la resolución de conflictos y un gran esfuerzo de cuidados, ha llevado a que la organización se haya mantenido muy bien durante todo este tiempo. Convivimos con una gran diversidad interna pero también con mucho respeto mutuo, sin vulnerar ciertas líneas rojas que hemos decidido no sobrepasar.

Quizás ese esquema pudiera servir para alguno de los movimientos de confluencia que están surgiendo, porque buena parte de los problemas que tienen las izquierdas es la tremenda intolerancia ante las pequeñas cosas que pueden separarnos. La diversidad, si se sabe gestionar, es una riqueza. No sé si eso puede ser un modelo, pero si a alguien le sirve de algo ahí está nuestra experiencia.

¿Cuáles son ahora vuestras líneas de trabajo prioritarias?

En todas las asambleas anuales hacemos una evaluación de las áreas de trabajo que tenemos. Al final de la asamblea, las personas encargadas de coordinar cada área salen a contar sus líneas de trabajo prioritarias para todo el año. Pues bien, sólo la relación de temas prioritarios dura una hora.

En todo caso, por citar algunas de las cosas en las que hoy estamos trabajando, podemos hablar de cómo se está poniendo mucha atención en el fracking. En lugar de dejar las fuentes energéticas no renovables en el subsuelo, que sería lo más razonable viendo cómo avanza el cambio climático, cada vez hay más proyectos para explotar las reservas de gas mediante la técnica de fractura hidráulica, con evidentes y graves impactos ecológicos.

Junto a ello, y entre muchos otros temas, trabajamos en contra de la privatización del agua y por una gestión pública, transparente y participativa; nos manifestamos frente a la actual reforma de la ley de costas, defendemos la importancia del mantenimiento de la biodiversidad, criticamos los efectos socioambientales de la sociedad de consumo, estudiamos el currículum antiecológico de los contenidos educativos que se tratan en primaria y secundaria, hacemos un seguimiento de los nuevos planes urbanísticos y de casos emblemáticos como Eurovegas, denunciamos la hipertrofia de infraestructuras de transporte, construimos alianzas para desmantelar el poder de las grandes corporaciones, exigimos una auditoría ciudadana de la deuda y apostamos por la soberanía alimentaria.

Ecologistas en Acción es una de las organizaciones promotoras de la querella contra Bárcenas [1]. ¿En qué medida este caso representa un ejemplo ilustrativo de los poderes que nos gobiernan?

El caso Bárcenas ejemplifica que quien manda es el poder económico, ni más ni menos. Es el que marca las reglas: a veces, cambiando legislaciones, como se está haciendo ahora mismo; en otras, sencillamente corrompiendo, fomentando la prevaricación, el cohecho, delitos para conseguir grandes partidas de dinero público para hacer obras que lo secundario es si son útiles a la sociedad. De hecho, a menudo sucede que no sólo no tienen ninguna utilidad, sino que además son contraproducentes porque generan un tremendo impacto ambiental y una sangría de fondos sin retorno positivo.

En el caso Bárcenas, esta situación es diáfana: prácticamente la totalidad de los apuntes que se recogen en los papeles de Luis Bárcenas, el extesorero del Partido Popular, que van desde 1990 hasta 2009, tienen que ver con grandes empresas constructoras. Y casi todos los contratos que se han adjudicado están relacionados con grandes infraestructuras de transporte. Algo que todos sospechábamos ahora se hace evidente con este caso: no había ninguna justificación para estas obras desde el punto de vista del transporte ni de las necesidades sociales, la justificación era la obtención de fondos ilícitos para el partido o para distintas personas que se beneficiaron de ello en el PP. A cambio, se otorgaban contratos absolutamente disparatados, que además siempre se acababan pasando de presupuesto; a veces hasta se llegaron a multiplicar por cuatro desde la partida inicial.

Hasta hace poco, la percepción que tenía buena parte de la sociedad es que esto no lo pagaba nadie y que lo regalaban. Pero ahora nos damos cuenta de que lo tenemos que mantener, que tenemos que rescatar con un costo milmillonario a las empresas que están quebrando, que los trenes de alta velocidad se han construido de aquella manera e incluso tienen problemas de seguridad, que la red de infraestructuras es tremendamente amplia y resulta cara de mantener… y tenemos que apechugar con todo ello. La deuda que tiene el Grupo de Fomento [2] (40.000 millones de euros) es del mismo orden que lo que nos han recortado en los dos años que lleva este Gobierno en el poder (52.000 millones). Al final, hablamos de un importante trasvase de fondos desde las arcas públicas a las constructoras.

Y hablamos de los papeles de Bárcenas, es decir de los papeles del PP, pero si hubiéramos visto los del PSOE no me extrañaría nada que estuviéramos en una situación parecida. Porque, ciertamente, en los últimos siete años que estuvieron en el Gobierno la política de infraestructuras fue absolutamente demencial. Lo que hizo Magdalena Álvarez en la legislatura que estuvo en el Ministerio de Fomento apenas se distinguía de lo que hizo Álvarez-Cascos cuatro años antes, eran tal para cual.

Con todo ello, ¿cómo se presentan los próximos tiempos para el ecologismo social y para todos aquellos que pensamos que “no somos mercancía en manos de políticos y banqueros”?

No está fácil, pero hay que intentarlo. De hecho, hay una auténtica ebullición de protestas, de propuestas de movilizaciones, de formas de canalizar las reivindicaciones. Puede que hasta haya un exceso de propuestas y de convocatorias y que lo deseable sería que confluyeran para que tuvieran más fuerza. Algunas están apoyadas por muchos colectivos y esperemos que tengan bastante repercusión. Aún así, esas propuestas se quedan muy por debajo de la dimensión de las agresiones que estamos sufriendo. No va a ser fácil revertir este marco, porque el poder de la gente interesada en el statu quo es tremendo (control de los medios de comunicación, de los resortes del Estado, del estamento judicial, etc.), pero si toda la sociedad se planta, no hay vuelta atrás. El poder está en la sociedad, otra cosa es que no seamos capaces de alcanzarlo o de gestionarlo.

Estamos en un momento muy interesante, con muchas incertidumbres por delante, pero con la certeza de que se trata de un tiempo de cambios. Y esperemos que todo evolucione hacia un escenario de mayor justicia social y una mayor sostenibilidad y respeto al resto de seres que pueblan este planeta. Es cierto que hay posibilidades de que también pueda derivar hacia otras situaciones mucho menos deseables, por eso por nuestra parte vamos a presionar para que discurra hacia escenarios como los que defendemos en el ecologismo social. Ahí estaremos en la brecha.


Pedro Ramiro coordina el Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL)Paz con Dignidad.

Fotos de María José Comendeiro.

- Publicado en el número 58 de Pueblos – Revista de Información y Debate, cuarto trimestre de 2013.


Ver en línea : Pueblos, nº 58, cuarto trimestre de 2013.


Notas

[1La querella contra Bárcenas fue presentada por la Asociación Libre de Abogados (ALA), Izquierda Unida (IU), Ecologistas en Acción, Los Verdes y Justicia y Sociedad, y a ella se han adherido otras muchas organizaciones y miles de personas.

[2El Grupo de Fomento, responsable de la construcción de la mayoría de infraestructuras en el Estado español, lo conforman el Ministerio de Fomento y la suma de los entes públicos que dependen del mismo (Aena, Adif, Seittsa, Puertos del Estado, etc.).


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