Zona Franca de Exportación

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Una Zona Franca de Exportación es un área de un país creada para atraer empresas orientadas a la exportación mediante el ofrecimiento de concesiones especiales en materia de aranceles de aduanas, impuestos, infraestructura física para la producción, transporte y logística, y otros incentivos, entre los que destaca el acceso a una mano de obra barata. En ella se reciben materiales importados que, tras un cierto grado de procesamiento o ensamblaje, son reexportados.

Diversos nombres, un mismo tipo de actividad

Los incentivos empleados por los gobiernos para atraer inversión extranjera dedicada a actividades cuyo producto se destina a la exportación varían de un país a otro, como ocurre con la denominación que reciben las áreas restringidas donde normalmente se llevan a cabo. Zona Franca de Exportación (ZFE) es el nombre más general, para indicar que se trata de mercancías en tránsito, libres del pago de tasas aduaneras porque su destino final es otro país. También se llaman Zonas de Procesamiento para la Exportación (ZPE) o Zonas Francas Industriales (ZFI), subrayando el hecho de que, frente al mero puerto o depósito franco donde se almacenan mercancías en tránsito que gozan de franquicia arancelaria, van a ser objeto de un cierto procesamiento o transformación industrial antes de salir del país. En México, Centroamérica y el Caribe se habla de maquila, en alusión a una palabra de origen árabe que designaba la porción de grano, harina o aceite que correspondía al molinero por la molienda. Y en general hace referencia a una actividad productiva en la que el productor no es propietario de la materia prima utilizada en el proceso.

Por su parte, en China se denomina Zona Económica Especial (ZEE) a un área mucho mayor, que puede abarcar una provincia entera, en la que se ofrece rebaja de impuestos, reducción del control de cambios y escasez de derechos laborales. Y aunque organismos internacionales como la ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DEL TRABAJO y la Organización Mundial de Comercio contabilizan las ZEE junto al resto de ZFE, hay que tener en cuenta que, por su tamaño y por otras peculiaridades de la economía china, no son del todo comparables. Ahora bien, es cierto que todas ellas facilitan mano de obra barata para el procesamiento o ensamblaje de componentes previamente importados destinados a mercados externos. Y compiten entre ellas para atraer inversiones en una carrera hacia el fondo, ya que siempre puede aparecer alguna oferta más barata. Por eso los salarios y las condiciones de trabajo en las ZFE son muy precarias, normalmente peores que en el resto del país, constituyendo un foco de atención permanente de la OIT por la ausencia de “TRABAJO DECENTE”, que afecta mayoritariamente a las mujeres por ser la mano de obra predominante en este tipo de producción.

Esta actividad está organizada por EMPRESAS TRANSNACIONALES que, para reducir costes, deslocalizan tareas intensivas en trabajo, que se realizan en filiales o en empresas subcontratadas en el seno de una cadena mundial de producción. Dichas tareas suelen ser de sectores industriales con bajo contenido tecnológico, como la confección de ropa, pero también pueden ser de tecnología media como la industria del automóvil, o de alta tecnología como la electrónica de consumo. Y se han extendido a los servicios para las empresas, como los centros de llamadas (call-centers).

La primera Zona Franca de Exportación (ZFE) se estableció en Irlanda en 1959, pero el fenómeno no alcanzó relevancia hasta los años setenta en Asia Oriental y desde los años ochenta en la parte norte de América Latina, con la particularidad de su enorme dependencia de Estados Unidos. Luego han ganado importancia en el contexto de la globalización neoliberal, extendiéndose a algunas economías de África y de Europa del Este y, sobre todo, a China. Así, según el recuento de la OIT, mientras en 1975 había 79 ZFE en 29 países, en 1997 ya eran 845 en 93 países, y en 2006 habían llegado a ser unas 3.500 ZFE repartidas entre 130 países. Y el empleo había pasado de unos 800.000 puestos de trabajo en 1975 a 22,5 millones en 1997 y 66 millones en 2006, 40 de ellos en China.

La OMC estima que, en el período que va del año 2000 al 2008, China era el origen del 67% de las exportaciones del conjunto de las zonas francas mundiales y México del 18%. Y que en 2006 el 47% de las exportaciones chinas y el 45% de las mexicanas procedían de ZFE, mientras que en Centroamérica y la República Dominicana suponían más de la mitad, y en Filipinas o Marruecos más de la cuarta parte.

ZFE y crecimiento económico

Ese éxito exportador de las ZFE contribuye a veces a transformar la especialización internacional de un país, al pasar de exportar mayoritariamente materias primas a concentrarse en los productos manufacturados, cambiando radicalmente la inserción internacional de su economía. Eso, unido a la llegada de inversión extranjera, puede valorarse como una importante contribución al crecimiento económico. Pero no es así, ya que las ZFE generan muy poco valor añadido.

En efecto, el valor añadido que queda en el país donde se lleva a cabo la actividad maquiladora equivale a la diferencia entre el valor de los productos exportados y el de los componentes importados. En México los componentes importados suponían cerca del 81% del valor total de la producción de la maquila en 2004, por lo que el valor añadido era poco más del 19% del total. Y representaba un 3,5% del PIB mexicano. Además, ese valor añadido se distribuye entre salarios, beneficios empresariales, materias primas nacionales, pago de servicios y, en su caso, impuestos. En el caso mexicano, los salarios representan más del 60% de esa cantidad y los componentes locales oscilan entre el 2% y el 3% del valor total, por lo que no se producen encadenamientos productivos que contribuyan a generar tejido industrial. Se trata más bien de la “exportación indirecta de trabajo local” incorporado en los productos procesados.

Ahora bien, empleadas como un instrumento más en el marco de estrategias de industrialización de base exportadora, como las ZFE de Corea del Sur y Taiwán y las ZEE de China, estas actividades han dado mejores resultados. La diferencia estriba en que, lejos de la ortodoxia neoliberal que promueve la apertura indiscriminada a la inversión extranjera, las estrategias “heterodoxas” de esos países han impuesto condiciones a la entrada de capital extranjero en sus economías. Sin embargo, esas exigencias de transferencia de tecnología o de uso de componentes locales, que han convertido la inversión extranjera en factor impulsor del crecimiento, están actualmente prohibidas por las normas de la OMC. Además, estas reglas cuestionan la propia existencia de ZFE, dado que por su propia naturaleza suponen un trato discriminatorio, consintiéndolas hasta 2015 en países muy pobres y en algunas pequeñas economías.

 


BIBLIOGRAFÍA:

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