Innovación

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Convertido en uno de los conceptos más citados en el mundo empresarial en los últimos tiempos, el impulso del término “innovación” es debido, sobre todo, al trabajo realizado por las escuelas de negocios y los think tanks corporativos de cara la renovación del discurso que justifique la actual apuesta de las compañías transnacionales por extender sus operaciones a nuevos países, sectores y mercados. Más allá de la connotación positiva que acompaña a esta idea, la realidad es que bajo el paraguas de la innovación se incluyen todos aquellos proyectos que permiten concretar la retórica de la “ética de los negocios” con la rentabilidad y las cuentas de resultados de las grandes corporaciones.

«Creación o modificación de un producto, y su introducción en un mercado». Como puede verse, una de las dos acepciones que se recogen en el Diccionario de la Real Academia Española para innovación implica, directamente, una concepción económica y empresarial del término. No es muy diferente a cómo se refiere a ello, en otro orden de cosas, el presidente de Iberdrola: «El gran reto empresarial de los próximos años es fomentar la cultura de la innovación, es decir, generar continuamente buenas ideas y convertirlas en productos y servicios que la sociedad demanda o necesita», afirma Ignacio Sánchez-Galán.

De esta forma, una idea como la innovación, a la vez que nos remitiría a los avances médicos que han permitido curar ciertas enfermedades, a las investigaciones científicas en diferentes campos o a los procesos tecnológicos para la mejora de la eficiencia, se convierte en algo distinto cuando se inscribe en el discurso de las EMPRESAS TRANSNACIONALES: ofertar productos con precios adaptados al tamaño del envase y a la capacidad adquisitiva de los consumidores, compartir canales de distribución con otras compañías para ahorrar costes, poner en marcha nuevas formas para el pago de las facturas por los servicios contratados a estas corporaciones, incorporar a la cartera empresarial actividades y saberes no mercantilizados hasta ahora... Se trata, en definitiva, de buscar nuevos métodos para lograr un mejor aprovechamiento de los mecanismos de producción, distribución y consumo y poder así incrementar, una vez más, sus ganancias. Y esto, para las grandes multinacionales, adquiere una importancia aún mayor en un contexto de recesión como el actual.

La innovación, una forma de concretar la RSC

Con el crash global, se ha producido una acelerada evolución de las estrategias de RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA de las transnacionales: en el marco de una reducción generalizada de costes en estas compañías, ha debido demostrarse la rentabilidad de la RSC y su vinculación con el beneficio a corto plazo para que el paradigma de la “empresa responsable” no se quede en una moda pasajera. En este sentido, las corporaciones multinacionales han asumido que, como afirman Porter y Kramer, «la RSC puede significar mucho más que costes, restricciones o acciones caritativas: puede ser una fuente de oportunidades, innovación y ventajas competitivas». Es decir, que la conexión de la “responsabilidad social” con las oportunidades de negocio y de expansión a otros mercados se encuentra, justamente, en la innovación. Ya lo dice una publicación reciente de la Fundación Carolina: «Según la óptica empresarial, la innovación está vinculada a los procesos dirigidos al mercado, funcionando como un medio para incrementar la productividad y la competitividad».

Para las transnacionales, junto con una estrategia defensiva basada en las técnicas de comunicación y marketing, cobra mucha importancia en estos momentos la “RSC estratégica”: «Un enfoque estratégico de la RSC es cada vez más importante para la competitividad de las empresas» y «además puede conducir hacia el desarrollo de nuevos mercados y crear oportunidades de crecimiento», ha dicho la Comisión Europea. Y eso pasa por algo que tampoco es que sea demasiado novedoso: estrechar su relación con la maximización de ingresos, la reducción de gastos, la gestión del riesgo, la fidelización de la clientela y el acceso a nuevos nichos de negocio.

«Desde ya empieza un nuevo ‘momentum’ de la RSC. Quien siga pensando como ayer está ya fuera de mercado», sostiene Alberto Andreu, director de Reputación Corporativa de Telefónica, lo cual se traduce en numerosos ejemplos que ilustran cómo entienden la innovación las grandes corporaciones y las instituciones gubernamentales que les apoyan: en los hospitales y centros de salud, con mecanismos como el “copago”; en las universidades, mediante la penetración de las multinacionales en multitud de cátedras y cursos de verano; en la investigación científica, a través de colaboraciones entre las empresas y las administraciones para desarrollar fármacos que, al final, están sujetos a derechos de propiedad intelectual y patentes; en el mundo de la cooperación, con esas “ALIANZAS PÚBLICO-PRIVADAS para el desarrollo” que, según sus promotores, tratan de explotar «el potencial del SECTOR PRIVADO que, en colaboración con la administración pública, abre la vía empresarial como cauce de transferencia de conocimientos orientados al desarrollo».

Emprendedores, innovadores agentes del mercado

Ya hace un siglo, en su teoría del desarrollo económico, J.A. Schumpeter afirmaba que la economía y la sociedad cambian cuando los factores de producción se combinan de una manera novedosa. De este modo, decía el economista austriaco, la innovación resulta de vital importancia para el crecimiento económico, y quienes han de implementar ese cambio son los emprendedores, «hombres con facultades excepcionales que aprovechan oportunidades que otros no perciben o que crean oportunidades gracias a su propio arrojo e imaginación». Mucho se ha escrito y debatido, desde entonces, en las facultades de economía y en las escuelas de negocios en torno al concepto de innovación, que como veíamos vuelve a estar de actualidad, sobre todo, a raíz de la caída de las tasas de ganancia de las grandes corporaciones en los últimos tiempos.

En el mismo sentido, también se han hecho recurrentes las referencias al término emprendedor: por ejemplo, leemos en un reciente informe del Future Trends Forum que «los emprendedores sociales son agentes que responden a fallos de mercado con innovaciones transformacionales y financieramente sostenibles, estando posicionados de manera única para ayudar al gobierno a tratar los problemas sociales más duros». En lo que constituye una especie de adaptación de la economía del desarrollo a la realidad actual de la DIVISIÓN INTERNACIONAL DEL TRABAJO, habría que pasar de pensar en unos “trabajadores” que tienen sus derechos laborales y sus formas de organización colectiva a considerarlos como “emprendedores”. A los pobres «se les puede dar empleo, pero normalmente son gente que no tiene formación o que en su zona no hay trabajo. Sólo se les puede dar la posibilidad de que monten su propia empresa», dice el presidente de la Fundación BBVA para las Microfinanzas para seguir avanzando en esta desvalorización de la fuerza de trabajo y de los propios trabajadores y trabajadoras. Una vez más, se trata de cumplir siempre con las premisas impuestas por el mercado: buscar el riesgo, ser innovadores, aprovechar las oportunidades que se presenten; lo que vendrían a decir, en realidad, es que solo las personas que tengan este “espíritu emprendedor” resultan de utilidad en el sistema capitalista.

Mientras tanto, para la inmensa mayoría de la población se está produciendo un constante retroceso en los derechos laborales fundamentales: pérdida de la cantidad y calidad del empleo, individualización de las relaciones laborales, predominio de los códigos de conducta frente a los convenios, desmantelamiento de la negociación colectiva… Y al mismo tiempo, en el modelo de empresa dominante se combinan las reglas del mercado con la incorporación de los valores neoliberales en la organización interna, con lo que se vuelven habituales la atomización, la competitividad, la disponibilidad permanente y la obligación de ponerse a prueba en todo momento. En este contexto, las ideas de proyecto colectivo, solidaridad y ayuda mutua se reemplazan por la competencia de los individuos en el mercado; la controversia y el conflicto dejan paso a la noción de corresponsabilidad; los sindicatos y las organizaciones sociales se sustituyen por asociaciones voluntarias benéficas o directamente por proyectos empresariales.

Además, los “emprendedores sociales” son también una vía para «ofrecer modelos de bajo coste, fuertes redes sociales y un mejor conocimiento y comprensión de los potenciales clientes y usuarios». Eso afirma Bill Drayton, fundador de Ashoka —la mayor organización mundial dedicada al fomento de los emprendedores—, quien fue galardonado con el premio Príncipe de Asturias a la Cooperación Internacional en 2011 por «acuñar el término de emprendedor social para descubrir a aquellos que combinan los métodos pragmáticos y orientados a resultados de un empresario con los objetivos de un reformador social». La directora de Ashoka en España lo expresa más claramente, refiriéndose a los negocios en la base de la pirámide: «La oportunidad de mercado para esas empresas es brutal, y ellas lo saben. Pero las desconocen y no saben cómo acceder a ellas. Los emprendedores sociales trabajan con esas poblaciones y su labor es acercar a la multinacional hasta ellas, mientras salvaguardan los intereses de éstas».

Para las corporaciones transnacionales, resulta pues innegable la funcionalidad de estos “empresarios de sí mismos” como agentes de innovación, extensión de mercados, desvalorización de la fuerza de trabajo y empeoramiento de las condiciones laborales. De ahí que, por citar un ejemplo, el BBVA haya puesto en marcha el Momentum Project, una alianza conformada por el banco, Ashoka y la escuela de negocios ESADE para promover la creación de emprendedores.

 


BIBLIOGRAFÍA:

  • ANDREU PINILLOS, A. (2009): “RSC 2.0. Una herramienta de competitividad para el futuro”, Telos, nº 79, abril-junio.
  • BOTELLA, C., FERNÁNDEZ, J.A. Y SUÁREZ, I. (2011): Innovación y cooperación al desarrollo: Tendencias de colaboración público-privada, DT nº 47, Fundación Carolina-CeALCI.
  • COMISIÓN EUROPEA (2011): “A renewed EU strategy 2011-14 for Corporate Social Responsibility”, COM(2011) 681 final, Bruselas.
  • FUTURE TRENDS FORUM (2009): Innovación social. Reinventando el desarrollo sostenible, Fundación de la Innovación Bankinter.
  • PORTER, M.E. Y KRAMER, M.R. (2006): “Strategy and Society: The Link Between Competitive Advantage and Corporate Social Responsibility”, Harvard Business Review, diciembre.