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El poder de las multinacionales españolas en América Latina

Pedro Ramiro (ALAI-América Latina en movimiento, nº431-432, mayo de 2008)

Viernes 23 de mayo de 2008

A la hora de analizar las relaciones de la Unión Europea con América Latina, es necesario tener en cuenta el papel que juegan las empresas transnacionales europeas en la región. Para constatar su poder, sólo hace falta observar la lista de las mayores multinacionales de América Latina: tres de cada cinco son europeas. [1] Han superado a muchas de las compañías estadounidenses que operan en la región y lideran gran parte de los sectores económicos. Como los hidrocarburos, por ejemplo, donde Repsol YPF y Shell son las dos primeras corporaciones según su nivel de ventas. Y lo mismo sucede con el sector de las finanzas, con un dominio de los bancos españoles Santander y BBVA; el mercado de la electricidad, con Endesa e Iberdrola a la cabeza; las telecomunicaciones, donde Telefónica y Telecom Italia mantienen una posición de fuerza; y la minería, con el liderazgo de BHP Billiton, Angloamerican y Xstrata. Estos son sólo algunos ejemplos, porque el abanico de transnacionales europeas que obtienen sustanciosos beneficios de sus operaciones en América Latina es muy amplio: Carrefour, Bayer, Volkswagen, Unilever, BASF, Mittal, Sonae, Renault, Roche, BP, Unión Fenosa...

Dentro de este conglomerado de multinacionales, las españolas ocupan una posición destacada, sobre todo en el sector de los servicios destinados al mercado interior: banca, seguros, energía, telecomunicaciones, transporte y hostelería. Y es que “lo que está pasando en la región no se entendería sin la presencia de la empresa española, como no se puede imaginar el Santander sin América Latina”, como afirma el director general de este banco. [2] De hecho, ya hay más de 400 compañías españolas en América Latina, si bien únicamente ocho de ellas (BBVA, Santander, Endesa, Iberdrola, Unión Fenosa, Gas Natural, Telefónica y Repsol YPF) concentran el 80% de la inversión española en la región. “Las empresas españolas están muy bien en América Latina”, afirma la Secretaria de Estado para América Latina del Gobierno español, [3] lo cual está bien desde un punto de vista estrictamente económico: más de un tercio de sus ingresos anuales provienen de sus actividades en territorio latinoamericano. [4]

Lo más curioso es que la expansión de las multinacionales españolas ha tenido lugar en muy poco tiempo: apenas una década. Porque España, que en los años 1999 y 2000 se convirtió en el país que más invirtió en América Latina, hasta los años ochenta fue básicamente un receptor de inversiones extranjeras. Y lo que hizo posible la internacionalización de las empresas españolas en un tiempo récord fue la profunda transformación de la economía española y latinoamericana, que se puso en marcha durante la década de los noventa a través de un conjunto de medidas auspiciadas bajo el paradigma neoliberal.

En este sentido, se dieron dos procesos complementarios: en el caso de América Latina, el modelo a seguir fue el denominado Consenso de Washington, que contenía medidas como la privatización de las grandes compañías estatales y la apertura de los mercados internos a la inversión extranjera para facilitar la entrada de las multinacionales, además de una reducción drástica de la inversión pública; en Europa, el proyecto europeo, que tuvo su origen en el Tratado de Maastricht y estableció las líneas a seguir en la Estrategia de Lisboa, impulsó políticas entre las que están la apertura de los mercados a las inversiones y multinacionales de otros países europeos y las privatizaciones de la mayoría de las empresas públicas. El resultado fue un conjunto de reestructuraciones y fusiones que, en el caso de las empresas españolas, posibilitó que acumularan la estructura y el capital adecuados para expandir su negocio a otras latitudes. Así, el salto al exterior se centró en la región donde se estaban poniendo a la venta las grandes empresas estatales y donde los gobiernos facilitaban, mediante la adopción de medidas económicas, la entrada de capital extranjero: América Latina.

Cómo no, en la expansión de las multinacionales españolas tuvo mucho que ver el apoyo que les brindaron los sucesivos gobiernos españoles durante los años ochenta y noventa. Y, ya en la actualidad, el Gobierno de Zapatero tampoco ha dudado en echar una mano a las transnacionales que han tenido problemas: para proteger los intereses de Repsol en Bolivia, el Secretario de Estado de Asuntos Exteriores viajó allí unos días después de que se promulgase el decreto de nacionalización de los hidrocarburos; para defender los negocios de la papelera española ENCE, el Rey Juan Carlos actuó como mediador en el conflicto diplomático entre Argentina y Uruguay; y en el caso de Unión Fenosa en Nicaragua, según denunció Daniel Ortega, la embajada española presionó para favorecer a esta multinacional. Con el objetivo de defender los intereses del capital transnacional de origen español, ha mantenido relaciones entre buenas y excelentes con los mandatarios de los seis países en los que se concentra el 92% de la IED española: Brasil, Argentina, México, Chile, Colombia y Perú. Y, sin embargo, las relaciones con Venezuela, Bolivia y Ecuador, cuyos gobernantes han tratado de modificar, en mayor o menor medida, las condiciones en que operan las multinacionales españolas en su territorio, no han sido tan cordiales. Basta recordar la que se armó a finales del año pasado en la Cumbre de Santiago de Chile (aquella del “¿Por qué no te callas?”) cuando se puso en duda el rol de empresas españolas como Unión Fenosa.

En definitiva, parece evidente que en la mayor parte de los países de América Latina se ha extendido una mala imagen de las transnacionales extranjeras. Y, dentro de ellas, se encuentran las españolas por ser las que tienen una mayor presencia en el continente. Las multinacionales han adquirido una responsabilidad en el expolio y saqueo de los recursos naturales, la privatización de los servicios públicos o en la desregulación del mercado laboral. Y, a la vez que se han dedicado a incrementar año tras año los beneficios, sus actividades han ido asociadas a un enorme rastro de graves impactos ambientales, sociales y culturales. [5] hasta los efectos que tuvo sobre las poblaciones y el entorno del alto Bio-Bio (Chile) la puesta en marcha de la central hidroeléctrica de Ralco [6] (propiedad de Endesa), pasando por los impactos negativos de otras compañías como Repsol YPF en Bolivia, Argentina, Ecuador y Perú [7]; Sol Meliá y Barceló en Centroamérica y el Caribe; ENCE en Uruguay; Aguas de Barcelona en Colombia; Telefónica en Perú; BBVA en México, Ecuador, Brasil y Perú...

En este sentido, la sesión del Tribunal Permanente de los Pueblos en la que se va a juzgar a las corporaciones transnacionales europeas presentes en América Latina, que se va a celebrar en Lima (Perú) del 13 al 16 de mayo, es una gran ocasión para desmentir el mito de que el progreso, el desarrollo y el bienestar de la región vendrá de la mano de las empresas extranjeras, así como para articular las luchas y resistencias de los movimientos ciudadanos, campesinos e indígenas que defienden que el planeta no es una mercancía y que otro modelo de sociedad es necesario.

Pedro Ramiro
Observatorio de Multinacionales en América Latina - Paz con Dignidad

Este artículo ha sido publicado en el nº 431-432 de ALAI - América Latina en movimiento (mayo de 2008)

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Notas

[1En la lista de las 50 mayores empresas transnacionales de América Latina según sus ingresos, 29 son europeas, 20 son estadounidenses y 1 es asiática. (CEPAL, La inversión extranjera en América Latina y el Caribe, 2006, Santiago de Chile, Naciones Unidas, 2007.)

[2Entrevista a Francisco Luzón (Consejero Director General del Grupo Santander para América Latina) en El País, 31 de agosto de 2007.

[3Entrevista a Trinidad Jiménez (Secretaria de Estado para América Latina) en El País, 19 de septiembre de 2007.

[4Por ejemplo, Endesa y Telefónica facturaron el 40% y el 36%, respectivamente, del total de sus ventas mundiales en 2007 en América Latina.

[5Miquel Ortega (coord.), La deuda ecológica española. Impactos económicos y sociales de la economía española en el extranjero, Sevilla, Muñoz Moya Editores, 2005. Desde las consecuencias que tiene para la población más empobrecida de la costa caribeña colombiana el hecho de que Unión Fenosa sea la compañía que preste el servicio eléctrico,[[Pedro Ramiro, Erika González y Alejandro Pulido, La energía que apaga Colombia, Barcelona, Icaria - Paz con Dignidad, 2007.

[6Alianza Social Continental, Modelos energéticos en el Cono Sur: Nueva concepción de lo público vs la lógica de las transnacionales?, Sao Paulo, 2007.

[7Marc Gavaldà, La recolonización. Repsol en América Latina: invasión y resistencias, Barcelona, Icaria, 2003.


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